El monte, un nuevo nicho de empleo

La crisis lleva a los comuneros a ofrecer sus contratos a los parados de sus parroquias


Pontevedra / La Voz

Son tiempos de crisis y de arrimar el hombro. Las comunidades de montes también se han sumado a los esfuerzos de la creación de empleo y para docenas de vecinos en la comarca de Pontevedra un puesto de peón en las brigadas forestales se ha convertido en su única tabla de salvación. La contratación de desempleados de las parroquias no es nada nuevo en muchas de las comunidades de montes -ya lo hacían antes de la crisis-, pero algunas han reforzado su oferta, cubriendo con sus fondos propios el vacío dejado por la desaparición de las ayudas públicas para el personal. Su visión permite la entrada de un sueldo durante unos meses en algunos hogares que, de otra manera, se podrían ver abocados incluso a la emigración.

Este es el caso de San Tomé de Piñeiro. Esta parroquia marinense es un ejemplo en O Morrazo de los intentos de diversificación de la explotación económica sostenible del monte comunal.

Vivero experimental

Además de la contratación de las brigadas cada año, se está estudiando una cesión de una franja de monte a varios jóvenes que quieren fundar un vivero en un proyecto de autoempleo. Se trata de una iniciativa que demuestra el potencial del sector forestal para poder repoblar el rural gallego. Los proponentes del vivero no viven actualmente en San Tomé, pero están dispuestos a mudarse a esta parroquia y trabajar en ella. En una época donde la industria cierra más naves de las que abre y el puerto de Marín, tradicional motor de la comarca, se resiente por la caída de la pesca, el monte se ha convertido en una atractiva alternativa para los parados y para los emprendedores.

San Tomé también cedió hace varios meses una parcela de monte para la creación de una escuela de motoristas e impulsa la recuperación de una antigua casa del guarda forestal para transformarla en un centro de campamentos o un albergue en una zona de gran belleza paisajística como es Lagucheiras.

En la Mancomunidad de Montes de Ponte Caldelas, la contratación de vecinos parados es una norma desde hace más de medio siglo. Solo en la comunidad de Pazos, por ejemplo, se viene de finalizar un contrato a ocho desempleados de la zona tras rematar unos trabajos forestales encargados por la junta de montes.

Otras como Santa Cristina de Cobres, en Vilaboa, aprobaron hace dos domingos en asamblea que las empresas que se encarguen de trabajos forestales contraten principalmente parados de esta parroquia. En Campo Lameiro, la comunidad de montes de Fragas anunció la semana pasada que su aportación a la creación de empleo consistirá en cinco parados de la parroquia para su brigada por primera vez. Finalmente, se contrató a seis y la junta rectora precisó que se repetirá la experiencia para el próximo verano.

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