Un oasis de sosiego para hiperactivos

Padres de niños con déficit de atención relatan su día a día y las ventajas del programa


pontevedra / la voz

Todos compartían sufrimiento y muchas dudas a la hora de educar a sus hijos. Por diferentes caminos acabaron en el programa contra el déficit de atención y la hiperactividad (TDAH) que desde hace tres años impulsa el Concello de Pontevedra. Una iniciativa pionera en Galicia que avalan las familias participantes. La Voz se reunió con ellas el viernes para conocer de primera mano cómo es su día a día. Treinta y seis niños que estudian entre el último curso de infantil y sexto de primaria se benefician de este plan que tiene un coste mensual de 110,5 euros por alumno y que está subvencionado por la concejalía de Educación y la Fanpa.

Los padres coinciden en que lo más duro es la etapa previa al diagnóstico del trastorno y la incomprensión de la sociedad. Sus hijos son «vagos», «impertinentes» o «malos». A algunos los puso sobre la pista la orientadora de su colegio y otros llegaron al programa «de oídas». Tras pasar unas pruebas, ellos y sus hijos acuden a las sesiones. En sus vidas y en sus casas se respira hoy cierto alivio y ya no se grita. Ángel Luis y su mujer, Olga, participan desde hace dos años. Destacan que la terapia «nos ayuda también a nosotros y vemos que estamos todos en la misma situación».

Lupe afirma que comienza a ver la luz. Cuando su hijo tenía 5 años vio «que algo no encajaba». Tras la autoinculpación su «suerte» fue la profesora de tercero de primaria. Confirmado el déficit de atención e iniciado el trabajo la cosa cambió: «Pensaba que era un fracaso escolar del crío y estaba desquiciada. Ahora ves que te comprenden y saben de qué estas hablando. Sé que estaba haciendo muchas cosas mal y empiezo a estar relajada».

Otras madres asienten. Algunas acceden a contar su historia desde el anonimato porque dicen que no quieren que se señale a sus hijos. «Antes del programa yo lo llevaba a un psicopedagogo privado. La diferencia es que aquí se interviene a nivel del niño, los padres y los profesores y es la única forma de que funcione y de que el niño no esté calentando la silla todo el curso». «En mi caso la mejoría es lenta, pero ya no hay aquellos castigos tremendos que le ponía y su comportamiento en clase es estupendo», apunta otra madre.

María del Carmen sostiene que ha aprendido a estar en sociedad con su hijo y a hablar con los profesores. «Mi hijo es mi hijo, no es un TDAH, no sé por qué se le margina ante los demás». Ella y otros padres piden que los recortes educativos no afecten al futuro del programa.

«El niño era puro nervio y nos lo dijo la orientadora del colegio. Esto nos ayuda a nosotros»

Ángel Luis

«Estaba desquiciada, ahora veo que hacía muchas cosas mal y estoy relajada»

Lupe

«Para mí venir aquí es como si fuera mi psicólogo, me voy a casa nueva. Estoy encantada»

María del Carmen

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