«Si fuera uno de los padres de ese chico hasta pediría que me fusilasen»

El autor confeso del crimen de de Ponte Caldelas del 2015 evita contestar a preguntas en el juicio y se limita a suplicar que le pongan «ya un castigo»

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El hombre que mató al marido de su ex-pareja: «Me tendrían que fusilar si fueran otros tiempos» La fiscalía pide penas ed 25 años de cárcel.

Pontevedra

Casi cuatro años después del crimen, en la Audiencia Provincial de Pontevedra dio comienzo hoy, lunes, el juicio contra Marcos Vidal, que está acusado de matar a Manuel Rivas. Se trata del conocido como crimen de Ponte Caldelas, en el que incluso llegó a estar como investigada Sandra, la viuda, aunque finalmente no tendrá que sentarse en el banquillo de los acusados ya que la Justicia considera que no participó en la muerte. Así, esta mujer únicamente figura como testigo, y en calidad de ello declaró esta mañana de lunes. 

El juicio comenzó a las 10.00 horas con la elección del juzgado popular. Tres horas después, en la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Pontevedra, la magistrada dio cuenta de los hechos probados. Así, indicó que el día 28 de noviembre del 2015, sobre las siete de la mañana, Marcos Vidal se desplazó desde Arcade hasta Ponte Caldelas, donde vivía el matrimonio formado por Manuel y Sandra. Y, tras comprobar que ella había dormido con su marido y que no estaba ya en casa, esperó a que Manuel saliera del domicilio, le hizo volver al hogar y, una vez allí, le asestó 15 puñaladas con una navaja, provocándole la muerte. Además, llamó por teléfono a la mujer, que escuchó gritar de dolor a su marido, y luego le envió una foto de Manuel agonizando. Más tarde, avisó al 112 de lo que acababa de hacer y se entregó a la Guardia Civil. 

El fiscal considera que los hechos son constitutivos de un delito de asesinato, así que solicita una pena de veinte años de cárcel para Marcos Vidal y una prohibición de acercarse a la viuda de 25 años de duración. La defensa no pide la absolución, ya que Marcos Vidal reconoce los hechos, pero solicita que no se aplique el ensañamiento. También critica la dilación del proceso, ya que Marcos Vidal lleva cuatro años en la cárcel sin haber sido juzgado. Esta mañana, antes de entrar en el juicio, el letrado dijo que el encausado contestaría a las preguntas de todas las partes. Sin embargo, conforme empezó la vista, el guion previsto saltó por los aires.

Marcos Vidal, que no dejó de gesticular ni un solo momento mientras hablaba el fiscal y los distintos abogados, yendo desde la sonrisa de medio lado hasta el llanto, no accedió a contestar a ninguna pregunta. Ni siquiera a las de su propio abogado, que pidió un receso para hablar con él y ni así le convenció.

Eso sí, Marcos Vidal, que lleva cuatro años en prisión preventiva, tomó el micrófono para volver a declararse culpable. Y lo hizo con vehemencia: «Sí, claro que soy el autor de los hechos. Siempre lo he dicho, llevo cuatro años esperando a que me juzguen y me pongan ya mi castigo». Luego, añadió: «Perdí el juicio y si fuera los padres de ese chico claro que pediría que me encarcelasen y hasta que pediría que me fusilasen si fueran otros tiempos». Lo dijo entre sollozos y no habló más. 

Se explayó muchísimo más Sandra, la viuda. Antes de que hablase, y como esta mujer estuvo investigada (a petición de la familia de Manuel Rivas y en contra del criterio de la fiscalía) pero ahora ya solo es un testigo, la magistrada presidente lanzó un aviso a los letrados :«Solo se juzga a quien se juzga», en alusión a que únicamente Marcos Vidal está en el banquillo de los acusados.

Sandra contestó primero al fiscal. Y, más allá de narrar lo que ya se sabía, que Marcos Vidal le llamó cuando ya había acuchillado a su marido y oyó gritar a este de dolor mientras decía «¡No, Marcos, no!», puso mucho empeño en negar que hubiese sido pareja o amante del acusado, al que conoció porque regentaba una peluquería al lado de la tienda de la que ella era responsable. 

Sandra se presentó como una mujer acosada por Marcos Vidal. De hecho, insistió en que le amargaba la vida tanto a ella como a su marido y luego víctima. Dado que hay numerosísimos mensajes telefónicos y llamadas que dan muestra de que ella y Marcos se escribían a diario, Sandra indicó que todo lo hacía «porque él así lo exigía» y para que estuviese tranquilo y no la molestase ni a ella ni a Manuel. Contó que los tenía a ambos amenazados y que, aunque comunicó lo que le estaba pasando a la policía, le aconsejaron que era mejor no denunciar. Dice que su marido tampoco hizo nada porque «era un hombre pacífico y creía que a Marcos ya se le pasaría». 

Sandra, una y otra vez, contó los tormentos que padecía por culpa de la insistencia de Marcos de mantener una relación con ella. «Estaba obsesionado conmigo», explicó, y también narró las secuelas físicas y psicológicas que le dejó el crimen. Dijo que incluso perdió visión y audición. Y también contó que su marido estaba al tanto de todo lo que pasaba con Marcos. 

Sus respuestas a preguntas tanto del fiscal como de su propio abogado se prolongaron sobremanera. Y, sobre las tres de la tarde, la magistrada decidió cortar y hacer un receso para ir a comer. Sandra seguirá declarando por la tarde. 

El asesino de Ponte Caldelas mató a navajazos al marido de su examante

c. barral, ch. casares, m. torres
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Los vecinos de Ponte Caldelas no se explican el asesinato La víctima era muy conocida en su pueblo. El concello ha decretado 3 días de luto oficial

Volvió a su domicilio a cambiarse de ropa antes de confesar y entregarse

Un triángulo amoroso acabó ayer en un crimen pasional en el municipio pontevedrés de Ponte Caldelas. La víctima del homicidio fue esta vez un hombre. Manuel Ángel Rivas Muiños, de 39 años, perdió la vida como consecuencia de los navajazos que le infligió Marcos Vidal González, también vecino de Ponte Caldelas y examante de Sandra, la mujer de Manuel. Marcos confesó el crimen poco después a través de una llamada de teléfono y se entregó a la Guardia Civil en la playa fluvial del Verdugo. Fue detenido unos cuarenta minutos después del suceso y trasladado a los calabozos de la Comandancia en Pontevedra. Pero antes acudió a su domicilio en Arcade (Soutomaior) y se cambió de ropa.

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