De suelo quemado a selva de eucalipto

El rebrote sin control de la especie deja imágenes desoladoras en Ponte Caldelas


pontevedra / la voz

Poco más de un año ha pasado desde aquellas infernales horas en las que Ponte Caldelas principalmente, pero también algún punto de Cerdedo-Cotobade, ardieron por los cuatro costados. Ocurrió en octubre del 2017. Y, en aquel momento, viajar por las carreteras de Ponte Caldelas era como transitar por un país en guerra, con el negro dominando el paisaje. Ahora la tonalidad ha cambiado. El monte vuelve a teñirse de verde. Pero ese color, desafortunadamente, esta vez no es de esperanza. Todo al contrario, da pavor. No en vano, en las zonas quemadas hay una invasión de eucalipto que crece sin control. Tanto, que a una mujer que miraba para el monte en una aldea caldelana le salía del alma la definición: «É unha selva», decía.

Esa imagen del eucalipto ocupándolo todo, creciendo de forma desordenada, preocupa a muchos comuneros, que reconocen que no logran frenar esta expansión porque las hectáreas de monte comunal quemadas son demasiadas -el año pasado solo en Ponte Caldelas ardieron 2.900 hectáreas-. Y también trae por la calle de la amargura al Concello, que es consciente de que el monte se está convirtiendo en una bomba de relojería. Lo cuenta el alcalde, Andrés Díaz: «Esto nos preocupa mucho, pero no es tan fácil para una Administración local actuar. Pensamos en hacer batidas con voluntarios y arrancarlos, contando con asesoramiento técnico. Pero está el problema de la propiedad. Casi todo son montes privados o comunales. Ponte Caldelas es además un municipio de emigrantes, localizar a muchos propietarios es muy complejo», indica. Y lo mismo señala, desde Caldas, el regidor Juan Manuel Rey. No en vano, en Xiabre, donde también ardió sobremanera el año pasado, ocurre lo mismo con el rebrote del eucalipto: «É moi perigoso que iso siga así», indica.

Situación similar a la 2006

En realidad, la situación que se vive ahora en los municipios con terreno quemado es similar a la que se produjo tras los fuegos del 2006. Entonces, Enrique Martínez y Gabriel Toval, técnicos pontevedreses, presentaron un documento en un congreso forestal español que se titulaba Montes y sociedad: saber qué hacer. Precisamente, hablaban de lo que ocurre con el eucalipto tras una corta o un incendio e indicaban que, dado que es una planta que regenera de cepa, enseguida aparecen brotes nuevos, de forma desordenada y en mucho mayor número que los ejemplares que había hasta entonces.

Al preguntarle a Martínez qué se puede hacer ante esta situación, ayer señalaba lo siguiente: «Hay distintas alternativas, una de ellas es hacer una actuación de selvicultura y arrancar algunas de las varas que van saliendo para que las que queden formen árboles de forma ordenada. Otra opción es eliminarlas todas y retirar incluso el tocón, el árbol y sus raíces. Lo que no es bueno es no actuar y dejarlo crecer desordenado, porque lo que va a ocurrir es que aparece un monte bajo de eucalipto y hay más riesgo con los incendios».

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