«Teníamos ingredientes, pero no la receta»

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Redacción / La Voz

Su familia lleva desde 1907 dedicándose a la distribución eléctrica, cuando a su bisabuela se le ocurrió aprovechar unos molinos cercanos para hacer turbinas eléctricas e iluminar así a todo Ponte Caldelas. Más de cien años después, Beatriz Estévez y su familia han decidido darle un giro a la empresa que tantos años llevan gestionando de puertas para adentro y competir en el campo de las telecomunicaciones, un terreno del que a Estévez no le duelen prendas en reconocer que «no teníamos ni idea». Así que, pese a que algunos le auguraron un negro futuro a Áurea, la compañía que estaba a punto de nacer, alquilaron un director de desarrollo de negocio.

-¿Cómo surgió la idea?

-Llevábamos años y años haciendo siempre lo mismo, venimos de un sistema regulado en el que apenas hay que pensar, y de repente teníamos el capital, los clientes, la red... pero no sabíamos por dónde empezar a diversificar el negocio.

-Intentando formarse perdieron un tiempo que vale oro en una compañía, hasta que cayeron de la burra y dieron un giro.

-Las ventas no son lo nuestro ni teníamos ni idea de proveedores, e invertimos muchas horas en reuniones y viajes para intentar sacar en claro cosas que el ingeniero de telecomunicaciones que finalmente contratamos nos solucionó en una hora. Para la empresa está resultando básico tener esta figura externa, al menos los dos años que en principio vamos a contar con él. Nosotros nos metimos en una cocina con varios ingredientes pero hasta que llegó no teníamos ninguna receta. Yo siempre digo lo mismo: lo importante no es querer hacer algo, sino tener el teléfono de quien lo sabe hacer.

Beatriz Estévez decidió dar un gran giro a la empresa familiar.

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«Teníamos ingredientes, pero no la receta»