Un sueño que se quedó en ruinas

La crisis económica se llevó por delante un proyecto turístico que aspiraba a servir de revulsivo para el municipio fluvial


ponte caldelas / la voz

La basura flota en la piscina al aire libre en que se convirtió hace ya años el desmonte del balneario de Ponte Caldelas. Los pilares desnudos de hormigón y una placa del mismo material evidencian el abandono de lo que nació con vocación de ser el impulso turístico a la capital del Verdugo y que se acabó convirtiendo en un ejemplo de feísmo. Irónico, el cartel de obra de El Bosque anuncia a bombo y platillo el proyecto que nunca pasó de ser una mera entelequia, un castillo de naipes que desplomó la crisis económica.

El balneario está ligado a la historia de Ponte Caldelas desde hace más de cien años. Precisamente fue la crisis de principios del siglo XX la que le dio el cierre, hasta que décadas después se reconvirtió en restaurante, desprovisto ya del uso comercial de sus aguas medicinales.

La parcela fue vendida y sus nuevos propietarios firmaron en el 2005 un convenio con el Concello que prometía poner a la villa fluvial en el circuito termal de Galicia. Sin embargo, se reprodujo la maldición del balneario original y una nueva crisis también a principios de otro siglo transformó en sueños rotos esta iniciativa.

Hoy el terreno y la obra sin acabar son propiedad de la Sareb, el banco malo, que poco ha velado por su mejora. Aparte de la puesta en el mercado a precios cada vez más bajos -pero aún excesivos para los tiempos que corren según el gobierno local-, la Sareb no parece que haya movido ni un dedo. Al menos, sobre el terreno, la imagen no podía ser más desoladora.

Una inspección ocular refleja una acumulación de desdichas, a cada cual peor. Un feo vallado metálico a la altura de la carretera que va a Soutomaior impide la vista del esperpento que se encuentra debajo. Es una pena, porque si no estuviese este esqueleto de hormigón y hierro forjado, el río Verdugo ofrece un escenario natural excelente en este tramo de su curso fluvial.

El vallado es feo, pero al Ayuntamiento lo que le preocupa de verdad es la estabilidad de la carretera y de la acera. El muro de contención del talud del desmonte está en condiciones cuestionables y el alcalde, el socialista Andrés Díaz, amenazó a la Sareb con ir al Juzgado para que lo refuercen, derriben la estructura de pilares y limpien la basura.

Mientras el Verdugo a escasos metros ofrece una imagen bucólica, el porexpán que flota desde hace años en la balsa de agua estancada en el hueco del desmonte desluce escandalosamente el entorno. El Concello quiere que se drene esa finca y que se retiren los pinchos y hierros dispersos. El gobierno local teme que algún chaval, haciendo alguna trastada, acabe haciéndose daño o algo peor. Por eso se ha cansado de enviar requerimientos a la Sareb, que hasta ahora, por lo que se ve, ha hecho oídos sordos.

Ponte Caldelas vive de su río. Cuida su imagen como pocos municipios de la comarca. No obstante, el balneario, objeto de orgullo años ha, hoy es como una espina en la garganta.

Total abandono. La parcela del antiguo balneario del Verdugo lleva años en un estado de total abandono, provocando la queja de los vecinos y también del Concello de Ponte Caldelas.

Restaurante. El último destino que tuvo el edificio del balneario fue de restaurante, como se puede ver en esta imagen realizada hace ahora catorce años.

Proyecto frustrado. Un cartel en una esquina recuerda a cualquiera que se acerque por Ponte Caldelas lo que pudo ser y se quedó en nada. Un mudo reclamo a un plan fracasado.

Pilares. La estructura del que iba a ser el edificio principal del complejo turístico permanece en pie tal. El resto de la parcela, donde se hizo el desmonte, está cubierta de agua y basura. foto m.g.

Recurso natural. Las propiedades medicinales de varios manantiales de Ponte Caldelas se conocen desde hace milenios. En la actualidad no tienen ninguna utilización comercial ni turística.

Un muro inestable. El Concello advirtió a la Sareb del riesgo de desplome de la carretera que supone el mal estado del muro de contención de la finca abandonada.

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