El nuevo gimnasio de Poio que convirtió su reforma en una serie web: «La gente piensa que abrir un gimnasio es meter máquinas en un bajo, pero está muy equivocada»
POIO
Ubicado en la rotonda de A Barca, este nuevo local duplicó las previsiones de inscritos en sus dos primeras semanas
06 may 2026 . Actualizado a las 12:20 h.Donde antes se despachaban productos al por mayor en un antiguo Cash Froiz, hoy se levanta un templo al bienestar y al rendimiento físico. La transformación de la nave situada en la estratégica rotonda de A Barca, en Poio, no ha sido solo una cuestión de estética, sino de filosofía. Rubén Lores, el artífice detrás de Enforma Gym, ha inaugurado hace apenas un par de semanas un centro que multiplica las posibilidades para aquellos que quieran ponerse en forma en el entorno de Pontevedra.
La elección del lugar no es casual. Situado en el la rotonda que conecta Poio con la capital, el gimnasio aprovecha un flujo constante de público de ambos concellos. Con una altura de seis metros y una superficie de 1.500 metros cuadrados, las instalaciones todavía desprenden ese destello de recién estrenado.
«La ubicación es fenomenal y Poio está creciendo muchísimo. Es justo el nudo de Poio-Pontevedra, me dirijo a las dos poblaciones. No hay otro gimnasio privado tan grande aquí», explica Lores, quien destaca la libertad de horario (abierto los 365 días del año) frente a otras propuestas del entorno.
Tras emprender su primer negocio con 29 años en Ribadumia, Lores exporta casi ocho años después su manera de entender este mercado a la otra ría. Frente a la tendencia de los centros low cost que dominan el mercado actual, Enforma Gym se posiciona en el segmento premium. Aquí, dice, la inversión no se ha escatimado en lo que realmente importa: la herramienta de trabajo del usuario.
«Mi idea siempre fue tener un gym premium, lo que llaman ‘gym boutique’. Ofrecemos maquinaria que otros no tienen; es de fabricación italiana, la mejor que hay. Nosotros nos queremos diferenciar por la calidad y el servicio. Escuchar al cliente es la clave», afirma el empresario.
Esa apuesta en lo económico y lo material se puede cuantificar más en el gasto en material que en lo que implica la puesta a punto del local propiamente dicho. Aunque sin concretar cifras, Lores reconoce que la inversión ha sido importante. Solo en la zona de cardio el nuevo gimnasio de Poio cuenta con 14 cintas de correr (cuyo valor unitario ronda los 18.000 euros) o una sala de ciclo indoor que Rubén describe como una de las mejores de España: «La experiencia que vives con la iluminación, el sonido y el equipo Keiser de casi 3.000 euros por bici es algo novedoso que muy pocos centros ofrecen».
Y además de lo material, la otra piedra angular del proyecto es el personal. Mientras que las grandes cadenas sufren una alta rotación de empleados, Lores presume de una plantilla estable. Con cinco empleados actualmente en Poio y en busca de un sexto, su modelo de gestión de equipos se basa en el respeto y el valor mutuo. «Yo fui empleado y sé lo que hay. Si contratas a alguien es porque lo necesitas y te van bien las cosas; es un quid pro quo. Casi todos mis empleados de Ribadumia llevan conmigo ocho años, desde que abrí», confiesa Rubén.
Del casco a la serie web
El proceso de apertura no fue sencillo ni rápido. Lores firmó el local en mayo del año pasado y las obras se prolongaron durante más de siete meses de intensa actividad burocrática y constructiva. «La gente piensa que abrir un gimnasio es coger un bajo y meter máquinas, pero está muy equivocada», relata. Hubo que demoler, insonorizar por completo y adecuar la nave a normativas estrictas de ventilación e incendios.
Todo este proceso ha quedado registrado en una serie documental que se puede ver en Youtube, una idea que surgió de forma casual para mostrar «la cara B» de montar un negocio. «A la gente le gusta ver cómo se crean las empresas. No ven la burocracia ni el dinero que hay que poner para los permisos, pero a través de los vídeos enseñamos cómo fuimos insonorizando, dividiendo y creando el proyecto desde cero».
Aunque solo llevan dos semanas abiertos, la respuesta del público ha superado todas las expectativas, alcanzando más del doble de usuarios previstos en poco tiempo. En una localización en la que la propia competencia se encuentra en la acera de enfrente, en el centro comercial A Barca, el nuevo negocio fitness llega para completar la oferta deportiva pontevedresa con un enfoque integral, maquinaria de lujo y una atención que, según su fundador, busca que el cliente no se sienta «como un número más en la facturación».