Condenado tras un accidente en un garaje comunitario de Poio bajo los efectos de cinco drogas

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

POIO

LÓPEZ PENIDE

El acusado aseguró a los policías que le habían manipulado el asiento y el volante, de tal modo que giraba como los ingleses

17 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Con una multa de 1.440 euros como autor de un delito contra la seguridad vial ha sido condenado un vecino de Poio que el pasado 12 de marzo tuvo un accidente de tráfico en el interior del garaje de su edificio. La sentencia considera acreditado que, en el momento de sufrir el percance, esta persona se encontraba bajo los efectos de hasta cinco sustancias estupefacientes: cocaína, benzoilecgonina, MDMA (éxtasis), MDA y alprazolam.

Se refiere que, en torno al mediodía y al volante de un Volkswagen Caddy, circulaba por el interior del garaje comunitario cuando al tratar de abandonarlo colisionó contra la puerta de un trastero. Los agentes de la Policía Local de Poio, nada más personarse, observaron que mostraba síntomas compatibles con el consumo de estupefacientes: «Presentaba desorientación temporal, con constates cambios de humor, pasando de la euforia al llanto, con expresiones incoherentes, tenía las pupilas muy dilatadas, temblor de pies y manos y deambulación vacilante», refiere la resolución, que es recurrible.

Lo sometieron a la prueba de detección de drogas en el organismo, arrojando un resultado positivo. Es por ello que se considera acreditado que conducía, tras haber consumido estupefacientes y que estos «limitaban sus facultades para el correcto dominio del vehículo».

Frente a tales conclusiones, la defensa intentó hacer valer que «non se acreditou que fose el o que conducise o vehículo de motor, toda vez que «os axentes da Policía Local non o viron conducir o vehículo e que tampouco se entrevistaron con testemuñas que así o puidesen manifestar». Además, sostuvo que «non se puido constatar cando se produciu a condución do vehículo, podendo ser a noite anterior ou de madrugada».

Los magistrados responden a esta cuestión tirando de retranca —«efectivamente e como en moitos outros casos semellantes, ninguén o viu conducir»—, pero ofrecen una serie de argumentos para desmontar tal hipótesis. La primera, y bastante contundente, es que el acusado confesó «a los agentes que había intentado salir del garaje con el vehículo».

Mientras uno de los policías señaló que, de una manera inconexa, el acusado aseguró que «lle manipularan o asento e volante do coche, que agora o tiña como os ingleses, e por iso colidira contra o rocho», su compañero añadió que, no solo les manifestó que le invirtieron la dirección del coche, sino que precisó que «ao xirar a un lado, xirou para o outro». También se entrevistaron con su madre, «quen lles dixo que non se drogaban».

De igual modo, aluden a que no había nadie más en el garaje y que su coche estaba en mitad de este espacio impidiendo el acceso de otros usuarios, a lo que se suma que las llaves del Volkswagen Caddy estaban en casa del encausado. A todo esto se añade que el propietario del trastero contra el que golpeó el coche aseguró durante la vista oral que, al día siguiente, su vecino le comunicó que se iba a hacer cargo de la reparación de la puerta del rocho y que se había disculpado a través de WhatsApp.

Además, el informe médico reportado por la defensa refiere en el apartado de anamnesis, donde los facultativos recogen todo lo que le indican sus pacientes, que el acusado había intentado salir con el coche y chocó accidentalmente en el garaje.