Una lesión y una sanción la llevan a sustituir en el Poio a las dos porteras de la selección con 15 años

Iria Varela debutó con el primer equipo del Poio Pescamar, pese a ser cadete


pontevedra / la voz

«Estaba en el banquillo y de repente todas se giraron y me dijeron ‘Iria tienes que salir’. Aún estaba procesando la tarjeta roja y de repente ya estaba en la pista». Así narra Iria Varela como fueron esos instantes entre la sanción a Caridad y su debut con el Poio Pescamar siendo todavía cadete.

Con 15 años tenía una misión complicada por delante. Ponerse bajo los palos de A Seca para sustituir a las dos mejores porteras de España. No hay que pasar por alto que la portería del Poio está protegida por Silvia Aguete y Caridad, las dos porteras de la selección nacional. La lesión de la primera llevó a Manu Cossío a citar a Iria Varela para el debut en A Seca. Era difícil que pudiese debutar, pero el sábado pasado el tópico de «esto es fútbol» nunca tuvo tanta cabida. A la lesión de Silvia se sumó una sanción a Caridad y el debut de Iria. «Estaba muy nerviosa, pensaba que estábamos una menos en el campo y que muchas jugadas podrían depender de mí. Con el paso de los minutos me fui tranquilizando y dándome cuenta de que hay que seguir», comenta Varela, que sabe que el próximo sábado tendrá que repetir faena. Silvia sigue lesionada y Caridad tiene un partido de sanción. Se prepara para ello, aunque recuerda con frecuencia que «mi equipo es el cadete». Eso sí, entrena a diario con las mejores porteras de España siendo todavía una adolescente. «Aprendo mucho de ellas tanto a nivel técnico como táctico, son como unas segundas madres, me dicen como tengo que entrenar y me ayudan mucho», explica Iria Varela, mientras su madre Raquel Palmás la escucha con atención.

Ella y su marido no pudieron ver en directo el debut de su hija. Las restricciones le impidieron poder acceder a A Seca, así que el matrimonio se fue al coche y vieron el partido a través de la una tablet. «Cuando vimos que tenía que salir casi nos morimos, de vez en cuando perdíamos la señal. Estábamos nerviosísimos, pero ella salió muy contenta», recuerda esta orgullosa madre, que cada día hace el esfuerzo de llevar a su hija a entrenar a Poio desde Moaña.

Solo cuatro años de fútbol

Su calidad puede hacer pensar a cualquiera que Iria lleva jugando al fútbol desde niña, pero la realidad es bien distinta. Hace tan solo cuatro años estaba jugando una pachanga con sus amigos y la presidenta de O Fisgón la vio. Se acercó a ella para ofrecerle entrar en su club y después de consultarlo en casa, aceptó.

Estuvo dos años en ese equipo hasta que el Poio Pescamar se interesó por ella. «Se habían quedado sin portera en el cadete y me dijeron que si quería fichar, les dije que sí, pero esperé a que se acabase la temporada. De repente empecé a hacer la pretemporada con el primer equipo y a entrenar con Silvia y Caridad todos los miércoles», recuerda con emoción la joven guardameta.

La siguiente cita la tiene el sábado ante el Cidade das Burgas. «Ahora estoy entrenando siempre con el primer equipo y el otro día fui a A Coruña, pero yo soy del cadete y el siguiente paso es el juvenil», puntualiza Varela. La vida de esta joven transcurre entre el instituto de Moaña, donde reside, y el pabellón de A Seca.

Después de debutar el fin de semana sus compañeros de clase no se resistieron a preguntarle el lunes cómo había ido el partido. «Los que prestan más atención al fútbol si que lo sabían y estuvimos hablando», apunta Varela, que estudia cuarto de ESO y aunque se ve en el futuro jugando al fútbol, tiene muy claro que ella quiere seguir estudiando una carrera «hasta el final».

Su debut en Primera División con las rojillas fueron pocos minutos que a ella le parecieron una eternidad. Sin embargo, le valieron para sacudirle el miedo de esa primera vez. Saltó a la pista sin tiempo para pensar y con un par de rápidas indicaciones de Manu Cossío. Eso ya lo ha superado, ahora se prepara para hacerlo desde el principio. «A ver si no la fastidia», dice su madre con enorme cariño, que reconoce que haber tenido esta oportunidad era algo impensable. Ahora todo es posible.

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