Una lesión y una sanción la llevan a sustituir en el Poio a las dos porteras de la selección con 15 años

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

POIO

Ramón Leiro

Iria Varela debutó con el primer equipo del Poio Pescamar, pese a ser cadete

28 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

«Estaba en el banquillo y de repente todas se giraron y me dijeron ‘Iria tienes que salir’. Aún estaba procesando la tarjeta roja y de repente ya estaba en la pista». Así narra Iria Varela como fueron esos instantes entre la sanción a Caridad y su debut con el Poio Pescamar siendo todavía cadete.

Con 15 años tenía una misión complicada por delante. Ponerse bajo los palos de A Seca para sustituir a las dos mejores porteras de España. No hay que pasar por alto que la portería del Poio está protegida por Silvia Aguete y Caridad, las dos porteras de la selección nacional. La lesión de la primera llevó a Manu Cossío a citar a Iria Varela para el debut en A Seca. Era difícil que pudiese debutar, pero el sábado pasado el tópico de «esto es fútbol» nunca tuvo tanta cabida. A la lesión de Silvia se sumó una sanción a Caridad y el debut de Iria. «Estaba muy nerviosa, pensaba que estábamos una menos en el campo y que muchas jugadas podrían depender de mí. Con el paso de los minutos me fui tranquilizando y dándome cuenta de que hay que seguir», comenta Varela, que sabe que el próximo sábado tendrá que repetir faena. Silvia sigue lesionada y Caridad tiene un partido de sanción. Se prepara para ello, aunque recuerda con frecuencia que «mi equipo es el cadete». Eso sí, entrena a diario con las mejores porteras de España siendo todavía una adolescente. «Aprendo mucho de ellas tanto a nivel técnico como táctico, son como unas segundas madres, me dicen como tengo que entrenar y me ayudan mucho», explica Iria Varela, mientras su madre Raquel Palmás la escucha con atención.

Ella y su marido no pudieron ver en directo el debut de su hija. Las restricciones le impidieron poder acceder a A Seca, así que el matrimonio se fue al coche y vieron el partido a través de la una tablet. «Cuando vimos que tenía que salir casi nos morimos, de vez en cuando perdíamos la señal. Estábamos nerviosísimos, pero ella salió muy contenta», recuerda esta orgullosa madre, que cada día hace el esfuerzo de llevar a su hija a entrenar a Poio desde Moaña.