Del banquillo del Poio Pescamar a las urgencias de un hospital

Carlos Santamaría comenzó esta semana a trabajar de celador en Fuenlabrada


pontevedra / la voz

Carlos Santamaría se viste hoy de azul, lleva mascarilla y guantes y una ilusión que le desborda, pese a estar en el ojo del huracán. Hace unos días pensaba cuando se reanudaría la liga de Primera División de fútbol sala femenino y esta tarde hará su cuarta jornada de trabajo como celador en el hospital de Fuenlabrada. «El jueves por la mañana me llamaron de la bolsa de empleo y me preguntaron por mi disponibilidad. Volver a la sanidad pública era una opción que tenía que aprovechar», explica el que hasta ahora era coordinador de la base, segundo entrenador y técnico de porteras en el Poio Pescamar. No se pudo despedir de nadie, ni siquiera del presidente, ni de las jugadoras. Solo le dio tiempo a hacer una maleta y regresar a Madrid.

Empezó una nueva vida y dejó atrás el conjunto rojillo, que tendrá que reorganizarse para retomar la competición después de perder a su entrenador, Raúl Jiménez, y a su segundo Carlos Santamaría. Pasó de estar encerrado en su piso de Poio a cubrir la baja de una enfermera contagiada del COVID-19. «Aquí da igual que vayas de blanco, verde o amarillo, todos remamos en la misma dirección para sacar adelante el turno, ahora cubro está baja, ojalá pronto sea algo más largo y más bonito, como un embarazo», señala Santamaría, que todavía no acusa el cansancio de muchos de sus compañeros, pero advierte: «Todo lo que se ve en televisión parece poco, la realidad es mucho más, una verdadera locura, pero la organización es de once».

Carlos Santamaría reconoce que la ilusión y las ganas le pesan más que el cansancio. Al menos por ahora. Y es que no es la primera vez que este entrenador está trabajando en una crisis sanitaria. La última vez que estuvo en una fue en con la gripe A como personal militar. En ese momento estaba con el Ejército en la Academia de Manzanares. «Estuve seis años, pero a los pocos meses de entrar fue cuando hubo contagiados de la gripe A», recuerda el hasta ahora segundo entrenador del Poio Pescamar, que en el 2012 tuvo que dar carpetazo a esa parte de su vida por los recortes.

El trabajo en hospitales y su faceta como técnico le apasiona de la misma manera. «El ambiente en el hospital es súper ilusionante. Pensé que iba a estar muy agobiado, pero aquí la gente siempre tiene una sonrisa y un buen gesto», explica Santamaría. En el 2009 empezó en el cuerpo técnico del Alcorcón, pero le costaba compaginarlo con el trabajo y tuvo que dejarlo a un lado. No fue más que para coger impulso en una carrera que no piensa abandonar. En el 2013, después de dejar atrás su etapa militar, se fue a Inglaterra para aprender inglés y ahí comenzó en Londres United de la Primera División inglesa. «Llegué ahí a través de un amigo, yo venía de entrenar a la base del Móstoles», comenta Santamaría, que recuerda que desde que empezó, le decía a su mentor: «‘Yo me quiero dedicar a esto’». Los últimos nueve años estuvo en el fútbol femenino, pero no descarta regresar al masculino. Aunque si tuviese que quedarse con uno, reconoce que el ambiente con las chicas es mucho más agradecido a nivel personal. «Mientras sea fútbol a mí me da igual», concluye.

Ahora su prioridad es la sanidad. «El fútbol es secundario, lo único que queremos es volver a la normalidad», comenta el joven madrileño cuando sale de una jornada de hospital marcada por intentar frenar el coronavirus.

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