Irene y Roberto cobraron todo su paro junto para abrir una parrillada y ni la inauguraron


Irene Mestanza y Roberto Loureiro también habían elegido el mes de marzo para emprender. Concretamente, pensaban abrir un restaurante en Poio el día 27 de este mismo mes. Pero su negocio, a cuenta de la crisis sanitaria del coronavirus, se ha quedado en un extraño limbo que les desespera. Lo cuenta Irene, natural de Málaga pero afincada en la comarca de Pontevedra, tratando de sacar fuerzas: «Esto que nos pasa es una gran faena, no sé cómo vamos a salir adelante».

Roberto es cocinero e Irene camarera. Son pareja y, hasta hace poco, trabajaban los dos en el mismo asador. Querían emprender y encontraron un local en Poio que les convenció para montar una parrillada. Así que se pusieron manos a la obra. Prepararon el establecimiento, al que bautizaron como As 7 Lúas y en febrero dejaron de trabajar y solicitaron que les pagasen todo el paro junto a ambos para poder invertir en su negocio. Así, entre los dos cobraron unos 5.000 euros, que en parte utilizaron para ir pagando obras o mercancía a los proveedores. Todo iba viento en popa para cumplir plazos y abrir la parrillada. Pero el coronavirus se cruzó en el camino y a ellos ya no les permitieron siquiera darse de alta como autónomos. «Por lo menos, queríamos poder trabajar sirviendo comida a domicilio. Pero es que se ha paralizado todo, desde las licencias hasta el tema de darnos de alta. Nos hemos quedado en tierra de nadie», indica Irene.

Ni ella ni Roberto tienen actualmente ingresos. Y hay una duda que les amarga: «Nos queda algo de dinero de lo que nos dieron del paro. Pero es una cantidad que cobramos para invertir en el negocio. Le preguntamos a nuestro gestor si en una situación así podemos invertirla en comida y demás y nos dijo que vayamos guardando los tiques de todo lo que paguemos». La única buena noticia es la comprensión del dueño del local alquilado.

Irene reconoce que cuesta mantener la calma en momentos así. Respira y, tratando de poner blanco sobre negro, viaja con la mente a momentos más amables de su vida. Como cuando salió de Málaga para cruzar España en autocaravana. Lo hizo. Luego, se enamoró de Galicia y, más tarde, un gallego. Y aquí se quedó.

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Irene y Roberto cobraron todo su paro junto para abrir una parrillada y ni la inauguraron