Un «meniño» enfermo del corazón que derrochaba bondad


pontevedra / la voz

Daba igual que David Castro, el hombre que murió este fin de semana en Poio tras caerse de un patinete, ya hubiese cumplido los 31 años. Él seguía siendo «o meniño, o noso neno pequeno», indica Iago Tomé, patrón mayor de Raxó e íntimo amigo del fallecido. David era «o meniño» por una circunstancia muy especial y también triste: desde pequeño estuvo enfermo del corazón, su estado de salud siempre fue delicado y tuvo que ser operado. Eso hizo que tanto sus padres como sus tres hermanos mayores, así como sus amigos, siempre le tratasen de proteger y mimar.

La dolencia cardíaca marcó, por tanto, la vida de David, que no pudo desarrollarse profesionalmente por esta causa. Pese a ello, tenía un carácter alegre y era, sobre todo, amigo de sus amigos. Cuenta Iago Tomé que era una cara más que conocida en Poio, «un mítico», porque su generosidad era tal que trababa muchas amistades. En Poio, en un municipio que mira y vive del mar, David tenía muchos amigos del ámbito de la cofradía de pescadores por su estrecha relación con el patrón mayor y porque sus hermanos pertenecían al pósito. De hecho, esta Navidad, participó en varias comidas que celebraron marineros y armadores. Allí estuvo con su bonhomía y su buen carácter. Iago Tomé, tratando de poner blanco sobre negro, se ríe y confiesa: «Ademais de ser o noso meniño, era o noso chofer de borracheiras. El non podía beber alcohol, así que era o que conducía sempre».

David, por tanto, conducía un turismo y este era el medio de transporte que más utilizaba. El patinete con el que murió solamente lo tenía desde hace unos dos meses, y algunos amigos todavía no le habían visto andar con él. Era vecino de la calle Padre Avelino de Campelo, justo el lugar donde encontró la muerte a escasos metros de su casa. Allí, al igual que en Poio, muchos no le conocían por David sino por su apodo. Le llamaban Arroz, porque, al parecer, desde pequeño respondía con esta palabra a muchas cosas que le preguntaban.

Si infinitamente duro es perder a un hijo o a un hermano de tan corta edad en cualquier circunstancia, la familia de David Castro lo tuvo todavía más crudo porque la muerte le sobrevino a escasos metros de casa y sus familiares enseguida salieron a la vía pública y se encontraron con lo ocurrido. Además, la familia no pasa por el mejor momento. Hace unos días perdió a otro familiar.

El domingo, un coche fúnebre trasladó el cadáver al instituto anatómico forense para hacerle la autopsia. De hecho, será esta prueba la que dictamine si murió por el golpe que se dio al caer del patinete o si sufrió una indisposición previa. En principio, el entierro tendrá lugar hoy mismo en su parroquia natal. Ayer, en unas horas de espera que se hacían interminables en Campelo, unos y otros contaban que la tragedia parece haberse abonado a la pandilla de David, la de los chavales del lugar de toda la vida. Dos amigos también murieron en los últimos años sin haber cumplido siquiera los cuarenta. A ellos la tragedia les sobrevino en el mar. A David, sin embargo, le alcanzó casi en la puerta de casa. Solo unos minutos después de haber salido de ella.

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