«No me gusta nada la velocidad»

Noemí Blas es la presidenta de la escudería Buxa Motor, integrada solo por mujeres


pontevedra / la voz

Noemí Blas no compite. No pilota un coche, pero sabe de motores tanto como quien se pone al volante de uno de ellos en cualquier rali de montaña. Más de 40 años a pie de rueda le han inyectado el virus de la competición y aunque cada año dice eso de «el año que viene lo dejo», una vocecita en su interior empieza a entonar el popular cántico «sempre andas dicindo para o ano que ven e chega outro ano e pasa tamén, e pasa tamén».

Así que con tanta experiencia como energía, la impulsora de la escudería Buxa Motor cumple este año el 20 aniversario de la Subida á Escusa, una de las grandes pruebas del automovilismo gallego. Un año más es la directora de carrera. De las pocas que hay en un mundo muy masculinizado y cada vez, menos machista. «Creo que estamos yo y Marisa, del Rías Baixas, pero debo de ser la única en montaña», puntualiza Blas, que reconoce que nunca se ha sentido menos que nadie ni ha tenido un trato distinto por ser una de las pocas directoras de carrera gallega. Lleva demasiado bagaje como para ponerlo en entredicho por una cuestión de género. Cuando era todavía una joven acompañaba a su marido, que sí pilotaba, a las pruebas. Ahora él lo dejó, pero ella sigue al pie del cañón llevando la voz cantante de una escudería formada solo por mujeres. «Somos diez y seguimos las mismas que empezamos hace ya muchos años», confiesa Noemí Blas en unos días de actividad frenética, que ya no le quitan el sueño.

Lleva tantos años organizando la Subida á Escusa, que en su veinte edición ya se sabe el guion de memoria. Se acompaña de un grupo de colaboradores que le generan confianza y que resuelven hasta cuántos bocadillos comprar para dar atención a los cerca de 90 trabajadores que ponen en marcha una de las pruebas más importantes de la provincia.

El Rali del Albariño, el primero

Blas comenzó con la organización del Rali del Albariño. Fue en esa época cuando un grupo de amigos trabajaban juntos y surgió la idea de montar una escudería. «En esa época nos llamó Luciano Sobral, alcalde de Poio, para ver si un tramo de ese rali podía pasar por Poio y con el tiempo poder consolidarla como una prueba propia», destaca Noemí Blas. Desde entonces ha llovido mucho sobre el automovilismo y aunque la presencia femenina todavía no es demasiada en esta edición, solo cinco de los 90 pilotos son mujeres, la directora de carrera dice que esta disciplina ha cambiando radicalmente «para bien y para mal». Para bien porque ha crecido mucho la repercusión y la seguridad de esta disciplina, pero en contra «hay un exceso de competitividad, antes había mucha más unión , pero ahora los pilotos van a los suyo».

Este fin de semana estuvo pendiente de lo que pudiese ocurrir. Hoy es el último día de una actividad frenética en la que solo hay una palabra que sobrevuela todo lo que ocurra, seguridad. «Las exigencias son cada vez mayores», indica. Sus ojos y su corazón están puestos en que no haya errores en una prueba a la que dedica buena parte del año. «Tengo que controlar que todos salgan en sus puestos, que se cumpla el orden, si hay anomalías, además de hacer informes», comenta Noemí sobre su trabajo los días de competición.

La carrera la ve lejos del asiento del piloto. «Nunca tuve ganas de pilotar, si te digo la verdad no me gusta nada la velocidad». Con este temor al cuenta kilómetros, Blas agradece que sus dos hijos no sean como ella unos apasionados del automovilismo. «Cuando competía mi marido lo pasaba fatal, aún ahora cuando salen pilotos que son amigos, estoy pendientes de que lleguen arriba», reconoce la directora de carrera, que tiene grabado a un fuego el peor recuerdo de su vida deportiva. «En la subida de hace cinco años se murió durante la prueba un piloto muy amigo mio, tenía 35 años y fue algo horrible», recuerda con tristeza Noemí Blas, que ahora retiró de la competición el dorsal 12, que llevaba él. «No volverá a salir nunca más», asegura la presidenta de Buxa Motor, que después ha tenido pequeños incidentes, pero ninguno de ellos ha sido de tal calado.

Noemí Blas seguirá activa mientras el cuerpo aguante, no es su única actividad. Trabaja toda la semana, pero entre marzo y octubre su vida va sobre ruedas. «En agosto estuve en la organización de la Subida a Ponte Caldelas, Botafumeiro, Chantada y Xunqueira de Ambía», confiesa una mujer que tiene gasolina en las venas para proporcionarle la energía que necesita para cuarenta años después seguir siendo un referente en el automovilismo pontevedrés y gallego. Buxa Motor es su otra familia, la que ruge en el asfalto.

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