«Os furtivos estannos botando un pulso»

Desde mediados de agosto, los vigilantes de la cofradía de Pontevedra incautan casi a diario marisco a los ilegales; en la madrugada del sábado hubo incluso una persecución espectacular por Combarro


pontevedra / la voz

Los vigilantes de la cofradía de pescadores de Pontevedra saben de sobra lo que es lidiar con mariscadores furtivos. «Por desgraza temos unha longa experiencia neste asunto. A min hai cousa de tres anos queimáronme ata un coche novo», cuenta uno de los guardas del pósito. Son también sobradamente conscientes de que las denuncias no suelen parar a quienes faenan de forma ilegal porque «non teñen nada que perder». Pese a ello, les sigue sorprendiendo su frenética actividad actual en las playas de Poio. «Dende hai unha semana os furtivos estannos botando un pulso», cuenta uno de los vigilantes pontevedreses. El mismo grupo de ilegales, compuesto por cuatro personas -y algunas otras caras nuevas que se van sumando- aparece noche tras noche por los arenales de Poio para intentar sacar almeja. Se les decomisa marisco a diario. Se les persigue. Se les denuncia. Se les vuelve a multar. Pero da igual. Vuelven casi todos los días.

Los números que aporta la cofradía de Pontevedra de los últimos días son de órdago. Desde el 21 de agosto hasta ayer mismo se incautaron un total de 179 kilos de almeja. Hubo noches en las que un mismo grupo de furtivos tenía en su poder hasta 40 kilos de bivalvo, que le fueron retirados por los vigilantes y la Policía Autonómica, la Policía Local o la Guardia Civil.

El patrón mayor de Pontevedra, César Rodríguez, es bastante pesimista al respecto: «Estamos facendo incautacións case todos os días e aínda así non hai maneira. Soamente se necesita falar cos vixiantes para saber o calvario que están vivindo, porque lles aparecen a diario a montar gresca e intentar levar o marisco», indica. Efectivamente, los vigilantes del pósito cuentan que, además de esquilmar los bancos marisqueros de las playas de A Puntada, Ameixal (Lourido), A Seca o Campelo, los ilegales también les amenazan y los conflictos son habituales. «Encáranse con nós e dinnos que van volver», indican.

Huida en plena madrugada

Una buena muestra del conflicto que se vive con los furtivos en Poio tuvo lugar en la madrugada del sábado. Las callejuelas y terrazas de Combarro todavía estaban repletas de visitantes que paseaban o tomaban copas cuando se produjo una persecución de película. Guardapescas de la cofradía de Pontevedra y policías autonómicos sorprendieron a un grupo de cuatro furtivos. Según la versión de los guardapescas, los mariscadores ilegales emprendieron una huida a pie por las callejuelas de Combarro y ellos les persiguieron para tratar de retirarles el marisco. Todo ello ante la atónita mirada de los visitantes.

Lograron localizar a dos de ellos, que intentaron esconder la almeja en una casa vieja de Combarro. Otros dos se escabulleron. Pero de poco les valió. Porque luego, a pie de carretera, se les identificó en un control a los cuatro juntos. En total, se les sacaron 40 kilos de almeja.

Cuentan desde la cofradía de Pontevedra que, aunque el viernes había dos caras nuevas, lo normal es que los furtivos sean siempre los mismos. «Témolos máis que identificados e acumulan moitísimas denuncias. Pero da igual. Non teñen nada que perder», insisten una y otra vez.

Escondido en zulos

La persecución del viernes se produjo tan solo unos días después de otro operativo contra los furtivos en el que se descubrió que los furtivos ocultaban el marisco en distintos zulos localizados en el monte de Poio. Los guardapescas insisten en que pese a la colaboración con distintas fuerzas del orden poco pueden hacer ante la actividad de los ilegales. Indican que, al menos en el caso del pósito de Pontevedra, los cinco vigilantes contratados cuentan con sofisticados medios, pero que de poco les valen. «Temos unhas lanternas que cada unha vale 500 euros. E si, collémolos e quitámoslles o marisco. Pero volven porque lles da igual ter unha ca mil multas», dicen.

Ayer, a las tres de la tarde, los guardapescas colgaban el hábito de vigilantes. Pero solo por unas horas. A las nueve de la noche tenían previsto volver a los arenales. «A isto non se lle pode quitar a vista nin un só día. O que pasa é que temos moitas praias e é difícil estar á vez pendentes de todas, porque eles vanse movendo», dicen los trabajadores.

Según los guardas, el grupo con mayor actividad ilegal lo componen solo cuatro personas

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