«Non pode ser que unha mariscadora teña que escoller entre a súa saúde e o seu pérmex»

Las agrupaciones de a pie urgen al INSS y a la Consellería do Mar que busquen la manera de evitar pérdidas del permiso «inxustas»


vilagarcía / la voz

En toda cofradía conocen algún caso. La mujer que arrastra problemas en la rodilla porque desde el ISM le dieron el alta tras una lesión antes de hacerle la resonancia magnética debida. La que baja a la playa apretando los dientes porque, aunque su médico le aconseja quedarse en casa, la baja le ha sido denegada. La que ha se ha rebelado contra una decisión injusta y blandiendo informes médicos ha recurrido el no del ISM... Algunas de estas últimas han recibido un segundo no y, por encima de tener que tragarse el dolor, en algunos casos se han quedado sin el permiso de explotación marisquera. Es decir, sin su trabajo.

El carné que abre las puertas de los bancos marisqueros se renueva cada año. Cada una de sus titulares -en Galicia hay cerca de 4.000- deben demostrar la asistencia efectiva al trabajo durante un número mínimo de jornadas, así como su participación efectiva en los trabajos de cuidado de los bancos marisqueros. Porque las mariscadoras, además de recoger el delicioso fruto del mar, también han de sembrarlo y mantenerlo a salvo de depredadores y algas.

Los problemas, explican desde las cofradías, surgen cuando alguna de las mujeres sufre algún problema físico que la incapacita durante un tiempo más o menos largo para la faena. Muchas veces, aunque los médicos les prorrogan la baja al entender que su recuperación no se ha completado, el INSS decide justo lo contrario: ha llegado la hora de volver a la faena. Desde hace unos años, los técnicos que hacen esas valoraciones son implacables.

15 meses tras un cáncer

Para muestra, la historia de Magdalena Martínez, una mariscadora de Poio que fue obligada a volver a la playa quince meses después de que le fuese extirpado un cáncer de mama. Un informe de su oncóloga y otro de su doctora de cabecera apoyaban que a esta mujer se le concediese un mes más para continuar su recuperación. No se lo dieron. Según ella misma relató, la inspectora le dijo que «se non podía coller dez quilos de ameixa que collera cinco». Y si no, que se buscase otro trabajo.

En aquel momento, el Defensor del Paciente denunció su «alta precipitada» ante el Ministerio de Sanidad. El representante de este colectivo, Cipriano Castreje, invitaba a Magdalena a llevar su caso a los tribunales. «Los juzgados de lo Social están llenos de denuncias así. El Instituto Nacional de la Seguridad Social da altas a personas pendientes de cirugías», sostenía Castreje. El asunto, finalmente, quedó en manos de la Fiscalía.

Cuestión de dinero

Porque llevar ante el juez un asunto de este pelaje no es ni sencillo, ni barato. Así lo reconoce María José Vales, patrona mayor de Vilanova, que tuvo que ir a los tribunales para que se reconociese como laboral un accidente sufrido mientras trasladaba marisco a la lonja. «En moitos casos, que se denuncie ou non se denuncie vai depender do apoio que a persoa teña da súa confraría e do seu entorno», explica Vales. Ella no dudó en testificar a favor de una de sus compañeras de trabajo, a la que veía bajar a la playa «sufrindo moitísimo por culpa dunha decisión inxusta».

La dureza

«Cando hai un informe do teu médico, dos especialistas, dicindo que non podes traballar, é que tes unha dolencia real. E no noso caso, estamos falando dun traballo moi duro», dice Mari Carmen Dios, desde A Illa. A su juicio, la situación es muy clara: para no poner en riesgo su trabajo, muchas mujeres asumen penurias físicas. «E non pode ser que unha mariscadora teña que escoller entre a súa saúde e o seu pérmex». Sus palabras encuentran eco en toda la ría. Dolores Gómez, la presidenta de la asociación Mulleres do Mar de Arousa, asegura que abundan los «casos sangrantes». «Quen ten decisión nestas cuestións, ten que ser consciente da gravidade que pode ter esta, e non deberían perder de vista que o traballo no mar, sexa o de mariscadora, o de mariñeira ou o de bateeira, é moi duro».

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