Para frenar el furtivismo de bañador

Gardacostas se hace, cada verano, con una tonelada de marisco arrasado por bañistas; es hora de atajar el saqueo

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a illa / la voz

Es probable que quienes peinen ya alguna cana recuerden aquellas jornadas, hace treinta y tantos o cuarenta años, en las que ir a la playa podía significar, tranquilamente, volver a casa con un par de caldeiros de berberechos, de almejas. En algunos enclaves, incluso de mejillones de roca, hoy esquilmados de las zonas de costa más accesibles. Esta práctica de echar mano de lo que uno encuentra en los arenales, sin pensar en que hay gente, mucha gente, que trabaja y vive de ello, viene de antiguo, pero solo recientemente ha adquirido una denominación adecuada: furtivismo de bañador. Ahora, la Consellería do Mar lanza una campaña que recorrerá las playas gallegas que reciben más visitantes y poseen una mayor actividad marisquera. Entre ellas, ocho de A Illa de Arousa, dos de Sanxenxo, otra de Poio y una tercera de Cangas.

El programa de sensibilización consistirá en el desarrollo de un juego educativo con el que la Xunta busca mostrar la ingente labor que funciona alrededor del marisqueo. En realidad, iba a ser presentada el martes pasado en A Illa, pero el naufragio del catamarán Boramar, envuelto en llamas, concentró todos los esfuerzos del departamento autonómico en O Grove. Así que la consellería que pilota Rosa Quintana ha decidido dar difusión a la iniciativa este fin de semana. Que A Illa fuese el lugar elegido para ello no es un capricho ni una casualidad. Los arenales isleños se encuentran entre los más afectados por la voracidad de los bañistas. Sus mariscadores representan más de la mitad de los miembros de la cofradía y su actividad proporciona la totalidad de las descargas y la factura de la lonja arousana.

Un millar de inspecciones

Mar facilita una serie de datos que permiten calibrar las dimensiones del problema. El servicio de Gardacostas lleva a cabo, cada verano, entre quinientas y mil inspecciones en los arenales gallegos. A alguno le parecerá mentira, pero sus agentes llegan a decomisar a los bañistas depredadores cantidades superiores a la tonelada de marisco. La consellería recuerda que los moluscos no brotan de la nada. Los mariscadores profesionales deben obtener su permiso de explotación, siembran la semilla, limpian las playas, las vigilan y pagan una serie de impuestos. Todo ello, sin tener en cuenta que quien se lleva a casa berberechos o almejas de esta guisa está corriendo un riesgo serio, como en general cualquiera que consuma producto extraído de forma ilegal, ya que no pasa ningún tipo de control que avale su salubridad.

La concienciación, en definitiva, es la herramienta a la que recurre la Xunta, que ya hace dos años desarrolló un proyecto piloto, consistente en la distribución de cinco mil paipais entre diferentes cofradías de la provincia de Pontevedra. Existe, asimismo, una aplicación móvil, Non piques, non peques, que informa sobre la época óptima de consumo de los productos del mar y supera la las diez mil descargas.

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