A Barca, la trampa de Ethel

La conselleira de Infraestruturas pone en un brete a los alcaldes de Poio y Pontevedra: si se ponen de acuerdo para un carril único, habrá una mejor reforma del puente


Pontevedra / La Voz

Ethel Vázquez, conselleira de Infraestruturas de la Xunta de Galicia, que mantiene un perfil bajo entre los miembros del gobierno autonómico, con escaso grado de conocimiento entre la ciudadanía y por su aire de técnica más que de política, nos ha descubierto esta semana una arista pérfida, a propósito de las obras anunciadas en el puente de A Barca.

En la presentación del proyecto de mejora de la marquesina y alumbrado de las aceras, los alcaldes de Pontevedra y Poio, asistentes al acto, criticaron que no se ampliasen las «beirarrúas» para garantizar un mejor y más seguro uso peatonal. Un par de días después, la conselleira remitió a Miguel Fernández Lores y a Luciano Sobral sendas cartas con una propuesta que vendría a resumirse así: si quieren que haya aceras más anchas en el puente de A Barca para un mejor uso peatonal, pónganse de acuerdo para reducir el tráfico a un solo carril y en una única dirección.

El envite de la máxima responsable de las obras públicas en el Gobierno gallego no es casual, sino muy intencionado. Apunta a la línea de flotación de las relaciones entre ambos concellos y pone a prueba a sendos alcaldes del BNG, dos veteranos que acumulan varias reelecciones y mantienen un buen rollo vecinal sin que cada cual renuncie a defender los intereses de sus respectivos concellos.

Pontevedra insiste; Poio resiste

El gobierno municipal de Pontevedra lleva años coqueteando con la posibilidad de aminorar la circulación de vehículos por el puente de A Barca con la pretensión de implantar un solo sentido, prefiriendo que sea de entrada a la ciudad, para derivar el tráfico de salida a través del puente de As Correntes. Por eso, hace unos años amagó con ahogar el tráfico por la calle Echegaray. Asustó a los conductores con unas señales de circulación prohibida, «agás servizos», que se plantaron a la entrada de la calle Alameda junto a la rotonda de San Roque. Pero les pillaron el farol. Los conductores no se amedrentaron; siguen empleando esa ruta para salir de la ciudad hacia la costa, ya en dirección Poio-Sanxenxo, o bien hacia Vilagarcía, o cara a la AP-9.

El órdago de Pontevedra, reclamar tratamiento de «vial urbano» para A Barca, según ha ideado César Mosquera, se chafa porque Poio no ayuda, sino todo lo contrario. El gobierno «amigo» de Luciano Sobral mantiene razones económicas y viarias para justificar su rechazo al carril único que pretende la capital. A Poio le interesaría que A Barca, caso de imponerse un solo sentido, fuese de salida de Pontevedra ya que garantizaría los flujos hacia el centro comercial y demás establecimientos situados en término municipal poiense, ya que tienen a los vecinos de la capital como clientela principal.

Y además, Poio se opone a cualquier restricción en el puente de A Barca mientras no se resuelvan carencias viarias que constituyen demandas históricas para ese municipio.

Son dos: la construcción pendiente del vial de O Vao, del que apenas se trazaron y asfaltaron 15 metros que languidecen entre charcos y basuras. Ideado desde la rotonda del mismo nombre que el poblado gitano se pensó como excusa viaria para erradicar el asentamiento chabolista al incrustar esa variante por medio. El proyecto data de la época de Pepe Cuíña Crespo como conselleiro, de modo que acumula lustros de clamoroso retraso, guardado en algún cajón de la Consellería de Infraestruturas.

La otra deuda viaria, al tiempo que también con la capital, tiene que ver con el cuello de botella que sigue sin resolverse en la rotonda de Bombeiros. Ese nudo viario requiere de una reforma que el Ministerio de Fomento iba a acometer, según compromiso firmado por la exministra Ana Pastor, pero los años de demora se acumulan en la misma proporción que el creciente tráfico ahoga esa intersección. Mientras no se resuelva adecuadamente la conexión con la autopista del Atlántico y las diferentes carreteras que se enlazan, cualquier planteamiento de redistribución del tráfico de entrada y salida de Pontevedra a través de los puentes se estrellará contra ese tapón.

Más ñapa que reforma

Mientras Pontevedra y Poio resuelven cómo salir de la trampa que les ha tendido la conselleira Ethel Vázquez, los miles de usuarios que a diario cruzan a pie el puente de A Barca será mejor que no se ilusionen: el proyecto que se acometerá en próximos meses es más una ñapa que una reforma integral.

A pesar de la pasta que costará, más de 1,2 millones de euros, consistirá en una reposición de una marquesina de madera, aunque con techumbre de aluminio para mayor aguante que la metálica actual. La cubierta tendrá un poco más de inclinación pero no aguarden que les cubra de la lluvia de lado que tantas veces ataca al peatón cuando cruza A Barca. Los técnicos de la Xunta dicen que no se puede acristalar porque el efecto vela que causarían las ráfagas de viento se llevaría por delante los vidrios, dada la cota del puente, lo que lo hace más vulnerable en caso de temporales.

Al menos lo que sí parece que mejorará sustancialmente será la iluminación de las aceras que tanto dejan que desear actualmente con el riesgo que entrañan para la seguridad de los peatones, mientras los dos ayuntamientos y la Xunta se peleaban por definir quién debe reponer las bombillas.

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