Temporales que dejaron huella

Todos los inviernos hay sucesos graves, pero algunos permanecen más en la memoria colectiva


pontevedra / la voz

Tormenta. Ciclogénesis explosiva. Galerna. Tornado. Ciclón. Huracán. Las palabras, más o menos técnicas y con una aplicación más o menos acertada, se acumulan en el imaginario colectivo. Hasta parece que cada generación escoge la suya. Temporal es el término que ha capeado mejor el paso del tiempo, y nunca mejor dicho, entre el común de los ciudadanos y, a la hora de escoger, hay algunos que han marcado una huella tan profunda que son proverbiales incluso por aquellos que aún no habían nacido cuando sucedieron los hechos que les dieron su fama.

A finales del siglo XIX toda la prensa gallega y de gran parte de España publicitó el desastre de la noche del 15 de diciembre de 1882 en Pontevedra. Hubo de todo. Muertos en tierra. Fallecidos en el mar. Destrozos por todas partes, con un grave impacto en el carballo de Santa Margarita y destrozos fuertes en las torres de la Virgen del Camino y la Peregrina. Para la gente que lo vivió ese fue «o ano que a campá de Beluso foi ao mar», según narraban algunas vecinas de edad de Ardán (Marín) hace unos diez años al relatar lo que escucharon de sus mayores. Todo ocurrió en cuestión de minutos y eso hace dudar sobre qué clase de fenómeno meteorológico ocurrió esa noche.

También se presentaron dudas a la hora de definir, por ejemplo, qué es lo que pasó Lourido, en Poio, a finales de octubre del 2001, con continuos movimientos de las mareas durante cuatro horas. Se apuntó, en algunos foros, a la posibilidad de que se tratase de un tornado. Lo mismo pensaron los vecinos de Fragas, en Campo Lameiro, que en el 2002 vieron cómo el viento tronzaba árboles de gran tamaño como si se tratase de castillos de naipes.

El mar asume la condición de actor principal en algunos de los temporales más significativos que asolaron la comarca. Es de destacar, aparte de los reiterados destrozos de paseos marítimos e inundaciones de Sanxenxo, Bueu y Portonovo, los destrozos considerables en la señalización marítima de la ría. Por ejemplo, en 1930, las olas ya se llevaron por delante una torre baliza en Mourisca, en Bueu. Sin embargo, en 1939, la fuerza del mar asumió palabras mayores. Se tragó, literalmente, el faro de Cabezo do Medio, que era gemelo del aún existente en Punta Tenlo, en la isla de Tambo.

Ese faro nunca se reconstruyó y en su lugar se señalizó con una boya en Cabezo de Morrazán porque se entendió que daba más cobertura a la navegación en la ría que el complejo rocoso de donde se desprendió el faro. Hace unos años, se exhibieron en la Autoridad Portuaria varias piezas de ese faro hundido, en una exposición de objetos curiosos rescatados de la ría por la flota pesquera. El último episodio ocurrió este mismo mes con el derrumbe de la torre baliza de Faxilda, junto a la parroquia sanxenxina de Noalla. Está aún por ver si se reconstruirá la estructura demolida por el temporal o si se colocará una boya como en Morrazán.

Por último, y ante la moda de poner nombres a los temporales, quizás ninguno haya calado como el Hortensia, en 1984. Arrasó grandes zonas de Galicia, aunque con Pontevedra fue comparativamente benévolo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Temporales que dejaron huella