Tres décadas de atascos

Las congestiones de tráfico entre el puente de A Barca y la playa de Areas se repiten cíclicamente sin que se atisben soluciones realizables para atajar un problema endémico


Pontevedra / La Voz

Como cada verano, hay una foto fija que se repite cada día: los interminables atascos en el puente de A Barca y las caravanas en la carretera de las playas que transita por la margen derecha de la ría. Las retenciones adquieren mayores proporciones en fines de semana y festivos. Esa carretera que une Pontevedra a través de Poio con Sanxenxo, antes C550 y ahora PO-308, soporta una intensidad media diaria de 16.000 vehículos durante el resto del año. Una cifra que se incrementa notablemente en verano. Y con meses tan tórridos como este julio, se dispara. Esta semana, un informe que firmó Alfredo López Penide en estas mismas páginas enfatizaba sobre algo que se repite cíclicamente: la necesidad de soluciones alternativas.

Desde los años 90, los periodistas pontevedreses hablamos de atascos recurrentes en el puente de A Barca y en determinados puntos de ese viario, especialmente a lo largo del término municipal de Poio, cuyo crecimiento urbanístico a pie de carretera tiene mucho que ver con la magnitud del problema.

Durante más de 30 años se postularon diversas posibles soluciones. Unas no pasaron de meras promesas políticas; otras naufragaron por los recortes presupuestarios; y algunas de las poquísimas puestas en práctica, no bastaron para contrarrestar el crecimiento de los aforos de tráfico y -felizmente- del mayor número de turistas que cada vez nos visitan.

La apertura del puente de As Correntes no ha subsanado los tapones en A Barca; ni siquiera llega a constituirse en alternativa suficiente. Además, la reforma pendiente del nudo de Bomberos y entronques con la Autopista del Atlántico y demás viarios que allí confluyen, hipoteca posibles desahogos. La suerte de este proyecto dependerá de la sensibilidad del próximo ministro de Fomento. Pero mucho me temo que lamentaremos haber perdido a Ana Pastor al frente de ese departamento.

Cuellos de botella

Es cierto que hay una parte de los flujos de tráfico que se dirigen a Sanxenxo y O Grove que optan por la carretera PO-531 en dirección Vilagarcía, incluso la propia AP-9 hasta el peaje de Curro, para buscar la comunicación con la Autovía del Salnés y el posterior tramo -aún no desdoblado- del antiguo corredor o vía rápida hacia A Lanzada. Ese contingente de vehículos que se achican por esa alternativa solo supone un pequeño respiro. Pero el problema principal se concentra en un tramo de apenas 16 kilómetros, los que distan desde el Puente de A Barca y la playa de Areas, y particularmente en determinados puntos de esa carretera costera, donde se producen varios cuellos de botella. Todos ellos en el término municipal de Poio. Son añejas las imágenes de caravanas en Combarro, Samieira y Raxó que son, asimismo, destinos de veraneantes así como de tráfico local que acude a segundas residencias. Chancelas, Laño, Covelo, Xiorto? son arenales que reciben muchos bañistas y que, en algunos casos, soportan una presión de tráfico añadida por su crecimiento inmobiliario.

Todo ese caudal de vehículos se canaliza exclusivamente por la carretera costera que carece de una variante pese a diversas cantinelas. Xosé Cuiña la barajó pero no apostó por ella. María José Caride y Agustín Hernández simplemente la desecharon. Hoy en día, no se contempla.

Lo más parecido a esa alternativa fue el ensanche y arreglo de la carretera provincial EP9201 entre Nanín, Bordóns y Samieira que financiaron Diputación y Concello de Sanxenxo. No resulta una variante completa pero si se empalma con la carretera a Armenteira y al campo de golf de Monte Castrove, supone una alternativa. Pero requiere conocimiento y paciencia. Apta solo para conductores locales. Foráneos, abstenerse.

El Pacto de Mugartegui

Ciertamente quedó aparente la firma del convenio entre Concello de Pontevedra y Xunta de Galicia que sella la paz hospitalaria después de años de contienda. El contenido para que sea realidad el Gran Montecelo aún está en barbecho; pero la foto del presidente Feijoo y el conselleiro Vázquez Almuiña, escoltando al alcalde Lores rubricando el documento de seis folios, no deja de ser una imagen del año.

La puesta en escena, en un territorio común, propició una sensación neutra. Como un peaje a pagar después de tanta beligerancia. Podríamos hablar del Pacto de Mugartegui conforme la tradición de la política española de bautizar acuerdos que tuvieron notable trascendencia. Aguardemos que esté al nivel de la demanda después de solemnes fallidos anteriores, pues los habitantes del área sanitaria norte de la provincia llevamos cerca de dos décadas esperando por una mejora de la atención hospitalaria.

A los dos gobiernos de Feijoo y especialmente a sus anteriores conselleiras de Sanidad (Pilar Farjas y Rocío Mosquera) hay que imputarles la irresponsabilidad de haber apostado por un proyecto quimérico, como se comprobó siete años después de una agotadora confrontación con el Concello de Pontevedra y la mayoría de los profesionales del sector sanitario. Después de casi dos legislaturas vendiendo la moto de Monte Carrasco, en apenas unos meses la llegada de Vázquez Almuiña a esa consellería ha restablecido la sensatez y los puentes de diálogo entre administraciones.

De momento no tenemos otra cosa. Pero resulta esperanzador el giro.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
17 votos
Comentarios

Tres décadas de atascos