Pontevedra / La Voz

Es uno de los símbolos del Clube Mariño A Reiboa de Combarro y este año cumple su vigésimo aniversario. A Boureante, tras varios meses en dique seco para un completo lavado de cara, volvió a echarse a la mar en Combarro este pasado jueves, si bien no se prevé que vuelva a navegar hasta dentro de unos días, «cando haxa alguén con gañas de sacarlle a auga, de achicala», explicó, entre risas, el presidente de la asociación, Joaquín Fabeiro. No en vano, debido al tiempo transcurrido, la madera del armazón de la única buceta de Muros de esta asociación se secó y menguó. Dado que los listones de la estructura están unidos a tope -«os cantos de madeira dan un contra outros», precisó Fabeiro-, al secarse aparecieron unas milimétricas separaciones entre las tablas por las que entró el agua inundando la embarcación, una de las pocas bucetas, por no decir la única, que navega por la ría de Pontevedra. «O barco vai ao fondo. Hai formas de evitalo, pero realmente non fai falla porque deixas que estea así un par de días e a madeira, con esa humidade, incha e as taboas volven topar unhas coas outras. E a buceta xa volve ser estanca», añadió el presidente del colectivo combarrés, quien remarcó que lo siguiente que quedaría para que estuviera operativa es reflotarla momentáneamente y que algún voluntario de la asociación retirase el agua acumulada.

Historia de una donación

Esta buceta, pese a que es, junto con el galeón Luisa y la dorna A Reiboa, uno de los buques insignia del clube marino combarrés, lo cierto es que sus propietarios son los miembros de la asociación vecinal Boureante. Estos fueron los que en 1995 se pusieron en contacto con los Estaleiros Amado de O Freixo, en el municipio coruñés de Outes, para encargarles su construcción. La fama y el buen hacer de estos astilleros fueron peso más que suficiente para recuperar una embarcación que ya había desaparecido de la ría, pero que en el pasado había sido hasta cierto punto habitual. «Era deses barcos que non había moitos, pero que valía a pena recuperar», añadió. Con su vela latina, las bucetas eran naves multiusos que se podían emplear con toda clase de artes, si bien para el xeito tendría que aparejar redes más cortas de lo habitual. Y es que se trata de redes que pueden llegar a medir «centos de metros» y, claro está, no cogerían en un barco de las dimensiones de una buceta, que suelen rondar entre los cuatro y los cinco metros de eslora.

Los trabajos

Desde el pasado noviembre, mes en el que A Boureante abandonó su embarcadero en Combarro y hasta este jueves, los miembros de A Reiboa han tenido que acometer una ligera reparación en la quilla, trabajo al que siguió un lijado superficial de la madera y, como si de una estrella del cine que tuviera que recorrer la alfombra roja de los Oscar, el pintado. Todo con el objetivo de que recobrase el esplendor de hace dos décadas. En su caso, sí que se cumple ese dicho de que el tiempo no ha pasado por ella.

Día de Colón

Y sin salir de Combarro, la villa de Poio se prepara para echarse a la calle para celebrar lo que será una nueva edición, la sexta, de O Día de Colón. Desde hace semanas, en la sede de la comunidad de montes, se están desarrollando clases para aprender todos los secretos que rodean a los bailes medievales y así poder escenificarlos durante las jornadas de fiestas, ya que, en esta ocasión, la cita será los días 19 y 20 de junio. Por su parte, distintas asociaciones ultiman los atrezos con los que tratarán de retrotraer a Combarro en el tiempo hasta los siglos XV y XVI. Los colectivos organizadores, las asociaciones Combrus, Vides Novas y la Asociación de Empresarios y Comerciantes de Poio, tras destacar que la novedad principal de este año es una justa entre caballeros, precisaron que ya se ha confirmado la actuación del grupo Moura Teatro, cuyos componentes representarán algo específico enmarcado en esta celebración que reivindica el origen gallego de Cristóbal Colón.

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«A Boureante», lavado de cara por su veinte aniversario