El olor a lechón asado colonizó ayer el recinto de A Chan con la celebración de la Festa do Porquiño á Brasa de Amil. La cita gastronómica de esta parroquia del municipio pontevedrés de Moraña volvió a demostrar que goza de buena salud tras cumplir 29 ediciones. Familias enteras y grupos de amigos disfrutaron de una comida campestre bajo carpa. Aunque el calor apretó, esa brisa que sopla en el alto de A Chan ayudó a evitar los sofocos. Eso sí, sombreros y gorras se repitieron en la mesa. En este último domingo de agosto se asaron 130 porquiños entre los 64 de la comida oficial, los 40 del cátering de Senín y los 26 que se fueron para degustar en la intimidad de los hogares. Cada lote, para veinte personas, costó 300 euros e incluyó, además del porquiño, dos empanadas, doce botellas de tinto Barrantes, agua, pan, dos bicas y café de pota con aguardiente. Como es tradición en la fiesta que organiza la Asociación Gastronómica Cultural de Amil, no todo fue llenar y regar el estómago, por la tarde hubo sobremesa con juegos tradicionales.

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Abarrote en Amil de la mano de la Festa do Porquiño á Brasa