A las seis de la mañana, el equipo dirigido por el asador Jesús García encendió el fuego que alimentó las hogueras durante ocho horas en la Carballeira de Santa Lucía, en el municipio pontevedrés de Moraña. Es un ritual que se lleva repitiendo 49 años y que marca la celebración de la Festa do Carneiro ó Espeto, un evento que multiplica la población de esta pequeña localidad una vez al año. Aparte del aspecto gastronómico, esta celebración tiene también un innegable atractivo visual. No todos los días se pueden ver 175 lotes de carneiros abiertos en canal sobre las parrillas en grupos de seis o siete y dispuestos alrededor de hogueras de madera de carballo.

También destacable es la ocasión que ofrece para la convivencia entre vecinos y entre visitantes. En la multitud de mesas que cubría el horizonte en la carballeira morañesa, se dieron cita cientos de vecinos, muchos naturales de la comarca que no se pierden esta celebración aunque vivan fuera y, como no podía ser menos, muchos cientos de comensales venidos de todas las partes de la provincia o incluso del sur del Miño.

Los carneiros se preparan a fuego lento, para que su asado sea el más sabroso y bajo la maestría de un equipo que conoce a la perfección su trabajo. Para empezar, el producto base es magnífico, procedente de granja. «O truco para un bo carneiro é ter un bo carneiro», resaltaba uno de los asadores. Un cielo cubierto, que por momentos amenazó lluvia, hizo algo más llevadero el largo asado para sus responsables. Nada que ver con el calor abrasador de otros julios, pero aún así, es un trabajo que requiere paciencia y saber hacer.

A lo largo de la mañana miles de personas confluyeron en Santa Lucía. Quien más y quien menos hizo una foto a la larga hilera de fogatas y carneiros. O un selfie, que para algo están los teléfonos móviles. A esta última tentación sucumbieron hasta el vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda; la alcaldesa de Moraña, Luisa Piñeiro; y la presidenta del Congreso, Ana Pastor. Ellos también inmortalizaron su visita con un móvil como otros muchísimos visitantes anónimos más.

Cerca de las dos de la tarde, la entrada al recinto estaba tan concurrida como aquellas imágenes de hace veinte años el primer día de rebajas a las puertas de unos grandes almacenes. Había impaciencia por sentarse y eso que todas las mesas estaban asignadas. Todo fue retirar el cordel y entrar la avalancha. Había ganas de probar los carneiros de este año que, como es habitual, no defraudaron a los comensales.

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El asado de 8 horas de los carneiros de Moraña