Bar Umia, los mejores calamares de la ría

Referencia gastronómica ineludible en Marín y su entorno y con una carta donde destacan los productos de la comarca, este establecimiento celebró este verano sus bodas de oro


marín / la voz

El bar Umia es uno de los buques insignia de la gastronomía marinense y un establecimiento al que vale la pena volver una y otra vez si a uno le gustan los productos locales, la variedad y la calidad. El Umia cumple este año sus bodas de oro y, aunque la pandemia ha tenido gran impacto en la actividad del sector, este bar mantiene su atractivo para los vecinos y gana adeptos entre los visitantes que se acercan a la localidad. Y es que lo avala una trayectoria profesional de medio siglo.

El gerente del Umia, Eduardo Rodiño, explica que su padre, Feliciano Rodiño Barros, trabajó en la hostelería cuando vivió en la emigración en Suiza y Uruguay. Como muchos otros gallegos, la familia regresó a Galicia y en Marín encontró, junto con otro socio, el local que todavía ocupa este bar, en una casa de piedra en la calle Almuíña, justo en el centro urbano de Marín y en frente de la Alameda. El inmueble anteriormente albergó una taberna, así que ya era un local conocido en la villa donde poder comer algo y tomarse unos vinos. Era julio de 1970 y le pusieron por nombre bar Umia porque «mi padre era oriundo de Meis y el río Umia atraviesa toda la comarca», aclara Eduardo. Así Feliciano rindió homenaje en O Morrazo a O Salnés, con el río de su juventud como excusa y estrechando los lazos gastronómicos entre ambas orillas de la ría de Pontevedra.

Al año de abrir sus puertas el Umia, Feliciano se convirtió en socio único y se mantuvo al frente hasta el 2006, cuando le propuso a su hijo que asumiese el relevo al frente del establecimiento. En una trayectoria de cincuenta años, el Umia se fue transformando poco a poco. Con los años asumió la condición de bar de comidas que tiene actualmente, transformado en uno de esos locales que no se puede perder uno si vive en Marín o si lo visita. El pulpo á feira, los calamares, la ensaladilla o empanadillas son de esos productos que han dado fama a este establecimiento.

Un buen equipo profesional

La plantilla es variable según la estación. Durante el año hay cuatro personas fijas y en verano este número se eleva hasta los once, aunque en esta temporada fueron solo nueve. De estos fijos, que son ya de casa, están Mari Carmen, la cocinera, que lleva más de cuarenta años entre fogones en este local marinense, y un camarero, Luis, que lleva algo más de treinta años con ellos.

Eduardo relata que conoce esta profesión desde pequeño. Cuando creció estudiaba durante el invierno y ayudaba en los veranos. Hace 14 años, su padre le preguntó si querría hacerse cargo del futuro del Umia. Era el momento de un cambio generacional. «Me preguntó si quería continuar con esto y todo fue de una forma bastante natural», apunta. Obviamente la respuesta fue afirmativa.

Pulpo y calamares figuran en lo más alto de la tabla y de productos de mayor demanda. El secreto de su éxito es «buena materia prima y la práctica de todos estos años, un sistema de trabajo que respeta los tiempos y la manera de los procesos». En verano es común ver la terraza llena y el interior también. Eduardo confiesa que le preguntan mucho si no ha pensado en ampliar o mudarse. Lo primero, al menos por ahora, no entra en sus planes, y lo segundo lo rechaza porque la ubicación del actual inmueble es inmejorable, al lado de una zona de tránsito permanente de personas.

Para una persona que acuda por primera vez a probar el menú del Umia, Eduardo lo tiene claro: «Que no falte pulpo y calamar, la ensaladilla, que es casera, y las empanadillas, que se venden muy bien, sobre todo las de pulpo». También hacemos bocatas, que se llevan mucho a la playa. «El bocata de calamares es un clásico». A mayores, sonríe y explica que él añadiría también «los chocos con arroz que son como el gran plato tapado del bar y están muy ricos».

El confinamiento estuvo a punto de empañar la celebración del cincuenta aniversario, pero la desescalada permitió que el Umia pudiese apagar las velas del cincuenta aniversario. El covid ha tenido su efecto en el negocio, como en todo, pero Eduardo confía en que las aguas regresen a su cauce y pueda seguir sirviendo pulpo y calamares durante muchos años más.

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