El lastre de los furtivos en el marisqueo y de las cuotas en la pesca

La flota artesanal en las Rías Baixas lucha por su singularidad profesional, mientras la altura se esfuerza por retener caladeros


pontevedra / la voz

La pesca y el marisqueo, los principales sectores económicos de muchas de las localidades de la comarca, no viven precisamente sus mejores momentos. Los nuevos cabildos que salgan de las elecciones en las cofradías tendrán ante sí importantes retos, que deberán afrontar, por difíciles que sean, si quieren mantenerse competitivos. En un sector tan amplio como es el mundo del mar, las problemáticas son muy variadas y requieren la unidad de la flota y de los mariscadores para poder hacer frente y diseñar las estrategias que les permitan no solo subsistir, sino avanzar en los mercados, manteniendo a la vez los cada vez más estrictos baremos ambientales.

En la flota pesquera, Marín es el gran puerto de referencia de la comarca. Ha sufrido importantes mermas en la última década. La mayoría de la flota de Gran Sol se abanderó en Gran Bretaña o Francia, países que tenían más cuota que España, y ahora el Brexit y sus múltiples incertidumbres amenaza su futuro. ¿Podrán seguir faenando los barcos que no tengan pabellón británico? ¿Y cómo se articularán las exportaciones entre ambos lados del Canal? No solo el Gran Sol preocupa, la flota cefalopodera no ha recuperado Mauritania, pese a mil y una promesas por las Administraciones. Por último, no hay que dejar de lado las dificultades que impone la UE, de donde han emanado un año tras otro duros varapalos a la flota pesquera gallega, de la que viven miles de familias.

Por su parte, en el marisqueo, el otro gran segmento de las cofradías, todavía faltan por solucionarse una serie de problemas que dificultan su viabilidad. A las imprevisibles mareas rojas, producidas por el ciclo natural del fitoplancton y contra las que nada se puede hacer, hay que sumar los estragos que causan en los bancos marisqueros los furtivos.

Las cofradías están hartas de denunciar la impunidad con la que los furtivos campan por sus respetos en la ría. Algunos ya ni se ocultan a la luz del día y los operativos de la Guardia Civil y de los Gardacostas de Galicia parece que son incapaces de contenerlos. Es necesario más mano dura contra este problema, o al menos es lo que piden los directamente afectados que ven como meses de trabajo los funden en una noche los amigos de lo ajeno.

También debe ponerse las pilas la Consellería do Mar con la investigación para combatir la Marteilia. Este parásito acabó con el berberecho en la ría hace cuatro años y este bivalvo no ha vuelto ser comercial en aguas pontevedresas desde entonces. Supone pérdidas de cientos de miles de euros que entraban cada temporada en las arcas de las cofradías.

Dragado del Lérez

Un problema singular en la ría de Pontevedra es el dragado del Lérez, paralizado por la falta de acuerdo entre las tres cofradías del fondo -San Telmo, Raxó y Lourizán- , que lo apoyan, y el resto -sobre todo Portonovo y Bueu-, que temen su impacto en los bancos de navaja en la zona de depósito de áridos en Tambo. Falta una fórmula de consenso que dé una solución.

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