Demolición gratis a cambio de piedra

Una empresa de Poio derribará una manzana de casas vacías en Marín para rehabilitar otras siete en Poio


marín / la voz

La manzana de viviendas antiguas de piedra abandonadas durante décadas y convertidas en un estercolero, en la calle Méndez Núñez, en Marín, pasará a ser una finca sin construcciones, limpia y vallada. A cambio, un constructor podrá llevarse toda la piedra que quiera de esta parcela. La empresa asume la demolición y los dueños ceden las casas vacías, reteniendo la propiedad de las fincas. Con la piedra, estimada en unos 2.000 metros cuadrados de superficie, se podrán rehabilitar para su transformación en un centro de turismo rural un conjunto de siete viviendas en el lugar de Riomouro Pequeno, en la parroquia poiense de San Xoán. Este es el acuerdo que permitirá un cambio de imagen en pleno centro urbano de Marín y en una aldea de Poio. Un pacto con el que además, salen ganando propietarios, constructora, vecinos y Concello. Y una idea que ha despertado interés en otras zonas de la provincia, que podrían imitarla.

José Esperón, de Construcciones Esperón SL, explicó que todo comenzó cuando el Concello de Marín requirió a los propietarios de estas parcelas que derribasen las estructuras en ruinas, ante el riesgo que suponen para los vecinos, y adecentasen las fincas. Es un problema porque tiene un coste que no es pequeño y además, surge la incógnita de qué hacer con los materiales de la demolición. A los afectados no les quedaba otro remedio más que cumplir la orden municipal, que aplica la normativa de medio ambiente. Si no ejecutaban esta puesta a punto cada uno de su parcela, se exponían a multas. Y no están los tiempos para asumir sanciones de forma innecesaria.

Fue uno de los dueños afectados, que expuso la situación a Esperón y le preguntó si le interesaría la piedra de su casa a cambio de hacerle la demolición. Así el coste para el dueño de la parcela sería cero y el constructor podría adquirir toneladas de piedra antigua preparada por canteros. La idea parecía buena y se consultó la opinión del Concello de Marín. El concejal de Urbanismo, el popular Manuel Santos, explicó que todas las partes «llegamos a un entendimiento».

Cuando el acuerdo quedó cerrado con uno de los propietarios, los demás también llamaron a la puerta de Esperón. Este constructor poiense, que además estaba buscando piedra para rehabilitar un conjunto de viviendas antiguas en su municipio, encontró en Marín la oportunidad inesperada de surtirse con un producto suficiente. Con la excepción de algunos de los bloques de la antigua fábrica de salazón, que están más afectados por la salitre, el resto de las toneladas y toneladas de piedra de la manzana están en buen estado.

Hubo que gestionar los permisos necesarios, entre ellos de la Dirección Xeral de Patrimonio, ya que entra en el ámbito de protección del colegio de la Inmaculada. Cuando se obtuvo el visto bueno de todas las Administraciones, se produjo a su derribo. Fue en diciembre y quedó a la vista de los marinenses una amplia extensión de terreno que, en el futuro, se convertirá en una calle, una plaza pública y zonas edificables.

En las próximas semanas caerán bajo la piqueta las últimas dos viviendas de piedra de la manzana. Falta solo el visto bueno de Patrimonio para estos casos. Y entonces se sacará toda la piedra, para lo que harán falta unos 30 viajes de tráiler, según los cálculos de la constructora.

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