«La integración de los evangélicos hoy es buena»

Marcos Gago habló ayer en Seixo de la persecución de los protestantes durante la guerra civil y el franquismo


El investigador de la historia local marinense y periodista de La Voz de Galicia Marcos gago Otero pronunció ayer un conferencia en la Casa da Cultura de Seixo sobre la persecución contra los protestantes durante la guerra civil y el franquismo.

-¿Cúales fueron los motivos de esa persecución?

-Por un lado, la desconfianza de las autoridades del nuevo régimen hacia una minoría religiosa a la que no estaban acostumbrados y que desconocían. A los evangélicos se les atribuyó, como a otros muchos colectivos, toda una serie de problemas sociales en los que realmente no tenían nada que ver. Por ejemplo, los evangélicos gallegos, nunca permitieron la mezcla de religión y política en sus púlpitos, por lo que difícilmente se sostenía la acusación de la conspiración judeomasónica y comunista, a la que el régimen tanto le gustaba recurrir. A esto hay que añadir la ya secular intolerancia en España hacia todo aquel que piensa distinto a la mayoría.

-¿Y cúales fueron las consecuencias de esa intolerancia?

-Hubo una persecución directa contra todo aquel evangélico que destacase por cualquier motivo. Y medidas más generales contra la comunidad en bloque, al considerarnos republicanos y desafectos al nuevo orden establecido. Hubo algunos fusilamientos, destierros, numerosas condenas y una discriminación generalizada que tardo décadas en desaparecer.

-¿Cuál fue la incidencia que tuvo en Marín y Pontevedra?

- Los elementos más fanáticos del nuevo régimen franquista intentaron descabezar a las iglesias de Marín y Seixo, expulsando a sus pastores y actuando en contra de miembros destacados de ambas congregaciones, como fue el caso de Jonatán Medinilla, maestro de la escuela evangélica y funcionario del Ayuntamiento de Marín, que tuvo que autoexiliarse en Argentina.

-¿Estos acontecimientos pesan en la memoria colectiva a día de hoy?

-En la generación que vivió los hechos evidentemente aún se recuerda como una época oscura que no debe repetirse por el sufrimiento que trajo y la injusticia que conllevó. Para los más jóvenes, como para el resto de la sociedad actual, son cosas que quedan muy lejos. Los que sabemos lo que pasaron nuestros antecesores lo vemos con admiración por su valor, y con perdón hacia aquellos que por ignorancia o mal ejemplo no supieron respetar a sus vecinos. Como cristiano y hablando a título personal sobre aquel período, corresponde no el rencor ni la revancha, sino el perdón y el esfuerzo personal por convivir sin que las diferencias ideológicas o religiosas sean motivo de odios o rencillas.

-¿Qué grado de integración tiene en la actualidad la comunidad protestante?

-Podría decirse que es bueno, superadas las desigualdades legales desde la llegada de la democracia. Aunque, aún hay bastante desconocimiento sobre los evangélicos fuera de las localidades donde históricamente estamos establecidos.

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