El maestro y político que fue un eterno enamorado de Marín

Ocupó la alcaldía durante once años, primero con el CDS y luego en el PSOE, un partido en el que es edila una de sus hijas


pontevedra / la voz

Sobre Antonio Santiago, Toneco, se han escrito ríos de tinta a lo largo de muchos años. La hemeroteca recoge su participación política, en las filas de la UCD, en las primeras elecciones democráticas municipales, en aquella España que se sacudía el franquismo a golpe de urna. Da cuenta también de su primera llegada a la alcaldía, en 1992, tras una moción de censura, y convirtiéndose en regidor pese a ser el único edil que tenía entonces el CDS. Aparece también su acercamiento al PSOE, el partido con el que fue regidor durante ocho años. O se puede leer su emocionada retirada, cuando con 65 años dijo que quería pasar a la reserva y propiciar la renovación en el partido. Pero, de todo lo escrito sobre él, entre tantas y tantas páginas publicadas, hay una frase pronunciada por él mismo que resultaba especialmente entrañable leer ayer, en el día en el que Marín enmudecía con su inesperado fallecimiento a los 75 años. Decía él que le gustaba preocuparse por «lo pequeño». Quienes le conocían bien y ayer le lloraban le recordaban precisamente así: preocupándose por cada detalle de la vida de las personas.

Antonio Santiago era profesor. Se había licenciado en Educación Física en Madrid, según contaba este periódico en 1987, cuanto Toneco, con 45 años, casado y padre de cuatro hijos, ya participaba en política, entonces dentro del CDS de Suárez. Aunque su vida política fue larga, la huella que dejó como docente no le va a la zaga. Las redes sociales se llenaban ayer de comentarios de antiguos alumnos. Para unos era don Antonio. Para otros Toneco. Y para muchos un profesor de esos que no se olvidan.

En política, tal y como él contaba, alcanzó todas sus aspiraciones al ser alcalde de Marín durante once años. Decían ayer sus amigos que, aunque se retiró en el 2007 de la política activa para permitir la renovación en su partido -que a través de su secretario provincial, Santos Héctor, mostró su pesar por el fallecimiento- se murió tan enamorado de Marín como estuvo siempre. «Maruchi, su mujer, no lograba sacarlo de Marín para nada. Él era un amante de este pueblo por el que tanto luchó y para el que consiguió muchas cosas, como integrar la Alameda con el centro urbano o lograr que viniese para aquí la oficina del puerto», señalaba un compañero de filas socialista que trabajó codo con codo con él. Hoy, el pueblo al que tanto quería le despedirá en un funeral que tendrá lugar en el templo nuevo marinense a las cinco de la tarde.

Genes políticos

A él, al que ayer definían como un servidor público, pero sobre todo como un ser humano preocupado por los demás, como una persona afable a la que le gustaba pisar la calle, la política también le venía de raza. Su padre había sido ya alcalde -de hecho, Toneco contó en su día que le hubiese gustado que estuviese presente cuando él tomó posesión como regidor, pero falleciera hacía poco tiempo-. Y una de sus hijas, Luz Santiago, es ahora portavoz municipal del PSOE en Marín.

Con él se va una figura emblemática del socialismo en la comarca de Pontevedra y en Galicia. Preocupado por las pequeñas cosas de la política y de la vida y por los pequeños a los que tantas clases les dio -fue director del colegio de Sequelo- se marchó, paradójicamente, como un grande. Que en paz descanse.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

El maestro y político que fue un eterno enamorado de Marín