Condenada la banda de Tuercebotas tras pasar billetes falsos en Poio y Marín

El acusado usaba a conductores de autobús para introducir la moneda desde Bulgaria


Pontevedra / La Voz

Se le conoce como Tuercebotas, pero también por Chiquito, y hasta no hace mucho tiempo era uno de los principales pasadores de billetes falsos que actuaban en la Península Ibérica. Su rastro lo sitúa en localidades pontevedresas, como la propia capital, pero también en Marín, Poio o Vigo, así como en distintas poblaciones asturianas, andaluzas, murcianas y del Levante español

De nacionalidad búlgara y afincado en Madrid, Tuercebotas había ideado un sencillo, a la par que efectivo, modus operandi para introducir la moneda falsificada en territorio nacional: «Se servía, para ello, de conductores de autobuses de compañías búlgaras que cubren el trayecto entre ese país y diversas ciudades españolas». Así lo ha declarado acreditado la Audiencia Nacional, cuyos magistrados acaban de imponer al cabecilla de esta organización una pena de dos años y medio de prisión y multa de diez mil euros por un delito de transporte, introducción y distribución de moneda falsa, y tres meses y una pequeña sanción por un segundo cargo de falsificación de documentos oficiales.

La pena pudo ser incluso mayor. No obstante, a su favor jugó el hecho de que hubiera confesado su participación en unos hechos que ocurrieron entre los años 2010 y 2012. Esta circunstancia propició que se le aplicara una atenuante muy cualificada.

Si en lo alto de esta organización se situaba este búlgaro de 38 años, el escalafón inmediatamente inferior lo ocupaban dos lugartenientes de su misma nacionalidad. Por un lado, Chato, uno de los conductores de autobús anteriormente reseñados y, por otro, Cornelio, quien era la persona que se desplazaba a las estaciones de bus para recoger las partidas de billetes falsos, partidas que, en ocasiones, llegaron a ser de diez mil euros divididos en cincuenta billetes de doscientos euros de valor facial.

Si el primero ha sido condenado a las mismas penas que Tuercebotas, al segundo le han caído dos años y diez mil euros de multa.

Una vez con el dinero falsificado en su poder, el líder de la trama se encargaba de pasarlo en comercios realizando compras de escaso valor que eran abonadas con los billetes simulados. Para llevar a cabo esta labor, en ocasiones, se servía de una granadina -le impusieron dos años y doscientos euros de sanción-.

Durante la investigación, la Guardia Civil pudo comprobar que, a veces, lo de colocar un billete falso no era algo sencillo. Y no porque las víctimas potenciales sospechasen del papel que les entregaban, sino porque los empleados de los negocios en cuestión no tenían tanto cambio.

El dinero legal obtenido por la trama era enviado a Bulgaria por locutorios

Los agentes de la Guardia Civil verificaron que el dinero legal que la organización obtenía al cambiar los billetes falsos no se quedaba en España. En su lugar, acudían a locutorios para realizar envíos periódicos a su país de origen. En otras ocasiones, caso de una sucursal bancaria de Poio, se constató que los miembros de la red realizaban ingresos de importantes cantidades de dinero colocando uno o dos billetes falsos entre los de curso legal, mientras que en Marín y Pontevedra se emplearon para abonar compras en distintos establecimientos comerciales. De igual modo, se estableció que empleaban las falsificaciones para abonar parte del coste del alquiler de los coches que los acusados arrendaban para desplazarse a lo largo y ancho de todo el territorio nacional.

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