Las ocho horas que se llevaron a la valiente Marita

Vecina de Cuntis, su nieto era su ilusión

Marita Castro
Marita Castro

redacción / la voz

«Á tarde vinde alá». Esa fue la frase con la que Marita Castro Aboy, una vecina de Cuntis de 73 años, se despidió de su familia la madrugada del 18 de octubre, en la que se encontró mal y la llevaron en ambulancia al hospital de Pontevedra por precaución y para hacerle una PCR, ya que la familia había tenido contacto con un positivo por covid. Parecen cuatro palabras cualquiera. Pero no lo son. Porque fueron las últimas que les dijo a su hija, su yerno y su nieto, que estaba confinados y no tuvieron opción de acompañarla. Solo ocho horas después de marcharse de casa, desde el hospital llamaron para decir que Marita falleció mientras esperaba el resultado de la PCR, que fue positivo. Ya era de día cuando se recibió la llamada. Pero en su casa se hizo de noche. «É como un mal soño, que aínda continúa», asegura su hija Begoña.

Marita era una valiente. A los 56 años, tras toda una vida trabajando en casa y cuidando a los suyos, enfermó de párkinson. Pero la dolencia no la hizo parar y poco a poco fue reponiéndose. Enviudó hace ya unos años y, entonces, su única hija, su yerno y su nieto se fueron a vivir con ella a Meira, en Cuntis, para que no estuviese sola. Le gustaba la compañía. Y no dudaba en ponerse a la altura de su nieto Anxo. Lo mismo jugaban que discutían de mentirijillas. Él, además de su gran compañero de juegos, era también su bastón para que no se cayese o para ayudarla a levantarse.

Estaba enferma. Pero no era dependiente. Con mucho esfuerzo, trataba de valerse por sí misma y mantenía intacta la bondad que la caracterizaba. Dado que la familia había tenido contacto con un positivo por covid-19, Marita y los suyos tuvieron que confinarse. Ella no manifestó síntomas. Eso sí, el sábado 17 de octubre, se cayó. En principio, fue un golpe tonto, que le provocó un rascazo y poco más. O eso aparentaba. Horas después, cuando ya estaba en cama, empezó a mostrar malestar. Y su hija intuyó que algo malo le pasaba. Así que acabó yendo a recogerla la ambulancia.

«Suponse que ía ao hospital por precaución e para facer a PCR. Pero morreu alí», resume su hija. Nadie de la familia, ni siquiera un primo que lo intentó, pudo pasar a verla. Por eso su hija cree todavía que todo es un mal sueño del que desea despertar. Y por eso aún no fue siquiera capaz de deshacer la cama en la que dormía Marita.

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