El hombretón que hizo en «joelette» y a pie media Pontevedrada

Se lo propuso su amigo Víctor Loira y se embarcó en la aventura nocturna. Él agradece la ayuda y no descarta repetir

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pontevedra / la voz

Emilio Carabelos Breasco (Marín, 1964) sufrió un ictus hace cuatro años. Tenía 49. Su vida y la de su familia dio un vuelco y hoy, con 53 años, está intentando encontrar su sitio tras empezar de cero. «No bebía, no fumaba, no tenía sobrepeso y ya ves...», dice como pidiendo explicaciones. Su mujer, Mariluz, cuenta que una de las muchas secuelas que le dejó el infarto cerebral fue un cambio de carácter. «Es muy testarudo, antes no era así».

El relato de ese cambio no es gratuito. Víctor Loira, amigo de la infancia de Emilio, le propuso participar en la Pontevedrada 2018. Emilio puede andar y hablar, pero tiene problemas de movilidad en el brazo y la pierna derecha. Lo que le planteó Víctor fue hacer parte de la marcha solidaria nocturna para fomentar la donación de sangre, órganos y tejidos en una bicicleta especial, la joelette del programa Rodando. «Un día fuimos a Cuntis, donde vive Emilio, para probarla y ver si éramos capaces, porque es un tío grande», desvela Víctor. Y tanto que grande, 1,90 metros y 110 kilos de peso.

Aquella idea loca fue tomando forma. Las condiciones eran claras: Emilio iría acompañado de sus dos hijos, Millán, de 18 años, y Adrián, de 22, y tendría que hacer caso sin rechistar a las indicaciones de Víctor en todo momento. Emilio y Mariluz reciben en su negocio del centro de Cuntis, la Pensión Pura. La primeras preguntas son obligadas: qué le dejó la experiencia y cómo se portó.

Sentado en una mesa, Emilio se toma unos segundos, ante la atenta mirada de Mariluz. «Fue una experiencia bonita. Se iba fantástico, yo al menos, no sé cómo irían ellos. Aunque llovió y lloviznó toda la noche no pasé frío porque iba abrigado y la bici lleva una especie de capa. Solo me dolían un poco las plantas de los pies», explica despacio. Emilio, que no descarta repetir Pontevedrada en el 2019, llegó hasta Valga. Completó 35 kilómetros, de los que 25 los hizo en la joelette y diez a pie. Este hombre, que antes del ictus trabajó como chapista en un taller de Seixo y en otro en Rianxo, solo tiene palabras de agradecimiento para los compañeros que lo transportaron y para todo lo que representa la Pontevedrada.

«La amabilidad de esas personas es mucha, pusieron toda la carne en el asador para poder llevarme. Mi hijo ya me decía que iba como un rey. Era bonito ver a tanta gente caminando de noche con las luces en la cabeza», señala Emilio. Su mujer estuvo pendiente toda la noche y cada poco llamaba a sus hijos para ver cómo iba la cosa. Mariluz recogió en Caldas a Millán, que abandonó, y el resto siguieron camino hasta Valga.

La familia lleva veintiséis años viviendo en Cuntis. ¿Cómo acabaron en la villa termal?, se les pregunta. «Por amor», sentencia Emilio. De Cuntis es Mariluz y ya se quedaron. Emilio sigue inmerso en una recuperación que es como una carrera de fondo. Acude todos los lunes, miércoles y viernes a rehabilitación en A Estrada y estuvo dos años yendo a un logopeda. Mariluz recuerda lo difícil que fue el aprendizaje tras el ictus: «Tuvo que aprender de todo, a leer, a escribir, a restar, a dividir, a andar... Era como un niño pequeño. Usábamos las libretas Rubio».

Esa complicada travesía se intuye con solo escuchar una pequeña parte del relato. «Al principio nos decían que no iba a recuperar nada. Estuvo siete días en la uci y gracias a la psicóloga y la asistente social del CHUS pudimos ir al Gil Casares, donde hizo una rehabilitación intensiva». La vuelta a casa conllevó un cambio de domicilio. Mariluz tenía que atender el negocio y Emilio no podía estar en casa.

Hoy sigue adaptándose. Admite que tiene buenos y malos días. Cuando no llueve, Emilio sale a pasear con su labrador Pray. Si se encuentra bien caminan unos cinco kilómetros y se hacen compañía. Si el tiempo no acompaña toca quedarse a cubierto. Mata el tiempo charlando con clientes de la pensión y viendo la tele. Además de fútbol y películas, es fan de los documentales de naturaleza: «Me gustan los de La 2 y los de Discovery Max». Y también disfruta con la comida, aunque ahora no puede pasarse. Dice Emilio que Víctor ya le está «comiendo la cabeza» con el siguiente reto: la subida al monte Xesteiras. A ver qué pasa.

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