Una ceramista que moldea como hace dos mil años

Reproduce cerámica castrexa que luego se vende en centros de interpretación de yacimientos de toda Galicia

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pontevedra / la voz

Sandra Obarrio recibe en Cuntis, en el casco antiguo, en un día de sol de justicia. Hace calor y hay luz a raudales. Sin embargo, a la piedra de estas plazoletas, que bien podía iluminarse rápidamente con semejante mañana soleada, parece que le cuesta mostrarse lozana, como si tuviese timidez después de tanto tiempo de lluvia y humedad. Eso sí, cuando al fin un rayo de sol la alcanza, el escenario es de cuento, con la iglesia de piedra dominando la escena, la terma, las callejuelas llenas de vida y los paseantes, casi todos bañistas del balneario, dedicados al paseo matutino. Esa misma sensación que uno tiene con la piedra, la de la timidez, se repite con Sandra. Ella es ceramista y restauradora, y desde el 2009 trabaja en centro de interpretación de la Fundación Terma Termarum Castrolandín. Le quita hierro a lo que hace. Pero, cuando lo muestra, la sorpresa es mayúscula. Resulta que Sandra es una ceramista empeñada en trabajar como hace dos mil años. A saber: reproduce cerámica de la Edad de Hierro en base a restos que se van encontrando en los castros. Y su trabajo se expone y vende luego, además de en Cuntis, en los centros de interpretación de yacimientos gallegos como el como Viladonga (Castro de Rei, Lugo) o San Cibrao de Las (Maside, Ourense).

Sandra llegó desde Lugo, de donde es natural, a Cuntis en el 2009. Dice que tras hacer un ciclo de ceramista y estudiar luego Restauración en Pontevedra el Inem la llamó para el puesto en Cuntis que ahora tiene. Esa plaza era para trabajar en el coqueto local de la Fundación Terma Termarum Castrolandín, ubicada en el corazón de Cuntis, en la plaza de los Árboles. La idea inicial es que reprodujese piezas de la época castrexa, sobre todo en base a los restos hallados en Castrolandín, el único yacimiento de Cuntis que fue excavado. Pero Sandra ha dado bastante más de sí. La fundación y ella abanderaron un proyecto gracias al que se fueron haciendo reproducciones de cerámica encontrada en distintos castros gallegos, cuyas piezas pueden verse en Cuntis. Y ella empezó a hacer reproducciones tanto para vender en Cuntis como para conocidos yacimientos. De sus manos, de su torno, de una especie de punzones hechos con madera de boj salen jarras, vasijas y muchas más obras de arte que van a parar a distintos puntos de Galicia. Sandra se pone el delantal de alfarera, empieza a moldear el barro y su voz se ralentiza. «É moi bonito comprobar que por exemplo a decoración que lle poñían á cerámica tiña a súa razón de ser. Cantos máis elementos decorativos tiña a peza máis especial era o que se gardaba nela ou o seu uso... como cando gardamos unha vaixela para unha data especial», cuenta.

Con los elementos decorativos típicos del castrexo va confeccionando también todo tipo de abalorios, tales como colgantes o pendientes. Recoge también encargos de lo más variopinto. Hizo desde una especie de balón de oro de barro para un trofeo de fútbol hasta placas conmemorativas para un buen número de certámenes.

El estudio médico

Incluso recibió una petición para un estudio médico: «Era para un estudo de neurocirurxía. Querían unha reprodución e un falso orixinal -se hace una reproducción, se rompe en añicos y luego se pegan los trozos- para comprobar as diferenzas. E tamén o fixen. Aquí un nunca se aburre, porque o traballo é apaixonante», cuenta Sandra con emoción. De cuando en vez, el taller se desplaza a alguna feria de artesanía o se deja ver en citas como la Feira Franca de Pontevedra.

 

Pero Sandra no solo es artista. Se ha convertido también en toda una maestra. Y es que en ese rincón suyo de Cuntis, rodeada de barro y vasijas, también imparte talleres para niños, a los que deja meter las manos en la masa y ayuda a confeccionar cerámica. «A eles encántalles, a verdade é que hai rapaces que levan seis anos comigo nos talleres e eu penso a veces se son se cansarán...», señala, evidenciando de nuevo que lo suyo es quitarse méritos. Porque, si después de seis años seguidos de obradoiros los niños siguen apostando por la alfarería, es que algo debe estar haciendo bien esta mujer.

Mientras sus manos moldean, explica cómo la decoración castrexa tiene

su razón de ser

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