Las terapeutas que trabajan con los siete sentidos

Al borde los treinta dieron el salto al emprendimiento e iluminaron un centro de desarrollo infantil y aprendizaje


pontevedra / la voz

Hay lugares en los que uno se siente bienvenido con solo cruzar la puerta. Ocurre así en Sentire, un centro de desarrollo infantil y aprendizaje que abrió recientemente sus puertas en la pontevedresa calle García Camba. Es mediodía y el sol empuja en las ventanas, con lo que la calidez del espacio contrasta con el frío del incipiente invierno de la calle. Además, el lugar, un espacio no demasiado grande pero muy diáfano, está lleno de color y de vida. Y de juegos. Y de lugares donde tumbarse o columpiarse. Desde luego no parece una consulta médica ni un habitáculo de esos aburridos donde hacer terapias convencionales. Recuerda más a un sitio donde relajarse y divertirse. Dicen Paula Cobas y Cecilia Touceda que, teniendo en cuenta que el centro es para niños, eso era lo que buscaban. Pues lo lograron. Son ellas dos mujeres emprendedoras, que acaban de cruzar la barrera de los treinta años y que llevan meses abrazando el sueño de trabajar de la manera que les gusta. Hablan ambas pausadamente, explicando todo mucho y poniendo ejemplos de cuanto se le pide. Se les insta a que cuenten cómo empezaron. Y ellas se lanzan.

Paula es de Noia y Cecilia es de Cuntis. Se conocieron en A Coruña, cuando ambas estudiaban Terapia Ocupacional. Tras superar la carrera, ambas estuvieron trabajando en cuestiones relacionadas con la geriatría, que es el campo en el que a priori vieron más oportunidades laborales. Pero a las dos les tiraba el asunto infantil. «Lo de los niños es por vocación, en el caso de las dos», dicen con una sola voz.

Experiencia previa

El caso es que consideraban que los conocimientos adquiridos en la universidad se quedaban cortos para dedicarse a la terapia ocupacional pediátrica. Así que apostaron por la formación y también tuvieron distintas ocupaciones que les permitieron hacer intervenciones con pequeños. Confirmaron que era lo que les gustaba. Y en sus cabezas asomó la idea del emprendimiento. ¿Por qué eligieron Pontevedra? Lo cuentan ellas con una frase que seguramente le gustaría oír al pedagogo italiano Francesco Tonucci: «Pues nos lo planteamos por varias razones. Mentiríamos si no dijésemos que no nos atrajo la idea de que en otras ciudades gallegas había centros que hacen lo que nosotros ofrecemos, que es integración sensorial, y que aquí en Pontevedra no conocíamos ninguno que tuviese lo mismo. Pero también nos llamó mucho la idea de que Pontevedra es la ciudad de los niños, que vive pensando en ellos... eso conecta mucho con nosotras».

Cuando ya habían elegido Pontevedra como destino para su centro, se dieron cuenta de que la ciudad les ofrecía una guía para emprender. Se pusieron en contacto con el plan Verea, ese proyecto municipal que acompaña a quienes están a punto de iniciar un proyecto empresarial. Dicen ambas que vieron el cielo abierto: «¡Qué consejos más sabios nos dieron!», enfatizan. Les ayudaron, por ejemplo, a hacer un estudio de mercado y a no desmoralizarse al toparse con tanta burocracia para montar el negocio. Al fin, en septiembre, tuvieron luz verde para abrir Sentire, un centro cuyo nombre lo dice todo.

Todo tipo de dificultades

Porque lo que se hace en Sentire es, precisamente, sentir. Y hay sorpresa. Porque explican Paula y Cecilia que no se trata únicamente de utilizar los cinco sentidos conocidos, sino que la lista es de siete. Hay uno que tiene que ver con la orientación y el equilibrio y otro más, de nombre difícilmente pronunciable, que se explica bien con un ejemplo que pone Paula. «Imagínate que estás sentada, cierras los ojos y te preguntan en qué posición estás. Lo habitual es que recuerdes si tienes una pierna cruzada o si esas de pie o sentada... pues hay personas que no son capaces, es una disfunción y se trabaja». ¿Y qué utilidad tienen estas terapias sensoriales? Cuentan ellas que dan resultados muy evidentes ante numerosas dificultades de aprendizaje, bien sea un retraso motor o en la adquisición del lenguaje, así como problemas para seguir el ritmo en una clase o dificultades en la motricidad fina, es decir, para pintar, recortar o escribir. Igualmente, se tratan con integración sensorial la falta de calibración de la fuerza, la distracción con imágenes o ruidos... Numerosas cuestiones que preocupan a los padres y que a veces dificultan que los niños sean todo lo felices que debieran.

A Paula y Cecilia no le gustan nada las generalizaciones. Dicen que cada caso es un mundo y cada niño es único. Así que las terapias, como el centro, se adaptan a lo que el pequeño necesite. También lo hacen ellas, que o bien atienden en su espacio o se desplazan a domicilio. Asimismo, ofrecen la posibilidad de coordinarse con las escuelas para trabajar de forma conjunta.

Cuentan con sonrisa que últimamente visitaron un buen número de colegios para dar a conocer lo que hacen. Y que se están llevando buenas impresiones porque ven a los profesores preocupados e interesados por todas estas terapias que utilizan los sentidos y el juego. Dicen ellas que se trata de una «alternativa más». Uno les pregunta si, moviéndose en el ambiente que se mueven, no les sorprende la cantidad de diagnósticos de TDAH e hiperactividad que hay... Y confiesan que sí se encuentran con sobrediagnósticos. Pero, nuevamente, optan por no generalizar: «Hay padres que se preocupan mucho, incluso demasiado, aunque para un padre nunca es demasiado porque es su hijo y es normal que se preocupe, y otros que se preocupan tarde. A los primeros tratamos de tranquilizarlos, a veces viniendo aquí se calman», remachan ambas.

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