pontevedra / la voz

Los vecinos de Cuntis tuvieron ayer oportunidad de abandonar los tiempos de crisis para volver a la Belle Époque, donde la opulencia y el maquillaje eran la carta de presentación social en unos años marcados por el desarrollo económico y cultural. Los felices años veinte se instalaron desde primera hora de la mañana en la villa termal, invadida por coches antiguos, calesas, actuaciones musicales y teatrales.

En el casco histórico amaneció el siglo pasado con el mercado de artesanía. Figuras labradas a mano, trajes de época y hasta un puesto de maquillaje infantil, para meter en escena a los pequeños de la casa. El centro de la localidad se convirtió poco después en un gran escenario, invadido por numerosas funciones durante toda la jornada. Las actuaciones no solo se colaron en las tabernas, también llegaron hasta el atrio de la Iglesia, en donde se representó una boda de aquella época.

Perlas, chalecos y cancán tomaron las calles para disfrutar de la primera edición de la fiesta de la Belle Époque. La villa se volcó en la celebración, que pese a ser el primer certamen, contó con el apoyo incondicional de los comercios y establecimientos hosteleros de Cuntis.

En el Hotel Balneario, multitud de personas pudieron disfrutar de una cena propia de la alta clase burguesa y un cuarteto de la Real Filharmonía de Galicia puso el colofón a una noche en la que con cinco euros la clase trabajadora pudo meterse en el bigote de los apoderados.

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Cuntis olvida la crisis para retroceder a la Belle Époque