«Fui delegado de la clase todos los años»

En la universidad fundó una asociación de alumnos aún activa, el Foro Alumnos de Dereito (FAD)


pontevedra / la voz

Jorge Cubela López (Pontevedra, 1989) podría haber sido historiador, y esta sería otra entrevista. Pero las decisiones que se toman en un momento determinado son las que marcan el rumbo de las cosas. Fue precisamente su profesora de Historia la que le recomendó seguir otro camino. Siguiendo su consejo, olvidó lo que le pedía el corazón y empezó Derecho en Santiago. En su tercer año de carrera, se convirtió en el alcalde más joven de España. Han pasado ya ocho años desde que se hizo con la mayoría absoluta en Cotobade y desde entonces no ha soltado el bastón de mando. Acaba de revalidar su tercer mandato y además lo han designado portavoz del PP en la Diputación.

La noche en que se proclamó alcalde por primera vez lo supo antes de tiempo. Se veía venir la mayoría absoluta a partir del recuento de la tercera mesa electoral, pero su equipo lo celebró como un gol en el último minuto de descuento. «Cuando canté el resultado, se celebró como la vez que ganamos el mundial», recuerda Cubela, «había mucha gente llorando, todos estábamos muy contentos». Tres mandatos después, el alcalde cree que estos años le han servido para ganar paciencia y madurar. «Uno se mete en política de forma voluntaria», cuenta, «hay que entender que en esto no hay horarios». Presume de mantener el ego controlado y los pies en la tierra. «Si el cargo no se me ha subido ya a la cabeza, no ocurrirá», asegura el regidor. Eso sí, «mi vida ha cambiado mucho», confiesa. Durante este tiempo ha procurado centrar su actividad política a partir de una premisa que, dice, le inculcaron sus padres: la cercanía con los vecinos. De hecho, presume de conocerlos a todos por sus nombres y de atenderlos en cualquier lugar y a cualquier hora, «sea cual sea su demanda, por muy rara que pueda resultar». Recuerda, por ejemplo, cuando un hombre le pidió que quitara la farola que había frente a la ventana de su habitación porque le impedía conciliar el sueño. Cubela afirma sentir «gratitud y satisfacción» cuando le reconocen sus aciertos. Pero la parte negativa es más amarga. «Apenas queda tiempo para la familia», lamenta.

Las comidas familiares

Su aflicción no solo resulta convincente, sino que está plenamente justificada, ya que, relata, se crio en un ambiente de mucha libertad. Y esta atmósfera se mantiene hoy. Así, en su casa ocurre algo extraño, y es que no hablan de política en las comidas familiares. Además, confiesa, «somos muy transversales, tengo primos-hermanos que votan a otros partidos». Con las amistades no ha tenido tanta suerte: algunas se han quedado en el camino por disputas ideológicas.

Mucho antes de llevar esta vida, las circunstancias ya parecían anticipar la dirección. «Fui delegado de clase todos los años», recuerda, en una época en la que la gente le decía a Cubela -sin que este se lo tomara demasiado en serio- que acabaría siendo alcalde. Empezó muy joven, y puede que por ese motivo no se imagina toda la vida en el sector. «La política desgasta», apunta, «un día tienes veinte problemas y al día siguiente tienes otros tantos»; pero se aferra al bastón, y asegura que así lo hará mientras los vecinos quieran. «Establecer un límite de mandatos es difícil», aunque «creo que no tenemos que jubilarnos de alcaldes», matiza. Cubela prefiere no enfrentarse al vértigo que supone mirar a largo plazo y apuesta por hacer el camino sin prisas, «proyecto a proyecto».

El regidor ya no es ese chico de veintidós años que se hizo con la alcaldía cuando todavía estaba en la universidad. «Siempre está la duda de cómo habría sido mi vida personal si no hubiera sido alcalde», valora, después de haber vivido momentos complicados, «pero me ha aportado cosas que de otra forma jamás habría aprendido». Hoy cree que la clave está en adaptarse a los tiempos.

A sus treinta años, cree haber tomado la decisión correcta. «En política, nadie es imprescindible», cree, «no va a haber un apocalipsis el día que yo no esté». Es consciente de las turbulencias que atraviesa el panorama político actual, pero está tan seguro del regreso del bipartidismo como de que Feijóo se presentará a las elecciones. «Como alcalde, yo se lo pediría». Tiene como referentes a los galleguistas históricos, a Bonaparte -por lo que representó, no por lo que hizo, puntualiza- y a Adolfo Suárez. Queda claro que como alcalde se siente pleno, pero debe de haber una parte de él que todavía se aferra a aquello que no pudo ser. Quizá por eso le apasionan las novelas históricas, sus favoritas.

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