La lechuza extraviada en Marín se llama Ramona y ya está con su dueño

El animal se escapó en un descuido del cuidador y estuvo perdido unos quince días hasta que lo encontró un vecino


marín / la voz

Ramona ya está con su propietario, Miguel Ángel Lemos, en su casa de la parroquia de Ardán, en Marín, desde el pasado martes. La lechuza más mediática de los últimos días se la encontró el viernes 4 un vecino en su casa y, al verla anillada y acostumbrada a la presencia de humanos, avisó a la Policía Local de Marín. Este vecino entendía que se había escapado de la casa de alguien, pero al no saber de quién, no quiso dejarla volver al bosque sino facilitar su regreso a casa dejándola en manos de los agentes y de la Xunta para que localizasen a su titular.

De hecho, Ramona pasó 24 horas bajo la custodia de la Policía Local en sus dependencias de la rúa da Estrada, hasta que los técnicos del centro de recuperación de fauna silvestre de Cotobade la fueron a buscar al día siguiente. Fue un tiempo que su dueño lo pasó mal, porque temía que le pudiese haber pasado algo y que no la volvería a ver. En estas semanas no supo nada del destino de su mascota, hasta que un amigo le mostró la fotografía publicada en La Voz de Galicia la semana pasada y le dijo que, por su apariencia, tenía que ser la suya.

La aventura de Ramona comenzó a principios de enero cuando su propietario, Miguel Ángel Lemos, salió a dar una vuelta a cabo Home, en Cangas. Señala que, sin darse cuenta, «dejamos la ventana del salón abierta». Y la lechuza, curiosa, decidió salir a explorar el ancho mundo, más allá de la seguridad de las cuatro paredes de la vivienda y la supervisión de su dueño. Fue una aventura arriesgada, porque en la zona hay abundantes aves de presa de mayor tamaño que podrían hacer un festín con ella. O alguien podía acabar cogiéndola y quedándosela.

Cuando Lemos volvió ese día a su casa, en el lugar de Vilaseca, en Ardán, le llamó la atención el silencio. «Me sorprendió que no me saluda, me pongo a buscarla y entonces veo la ventana abierta y una mancha en el balcón», relata su propietario. Ramona había emprendido el vuelo y no supo volver.

Código en la anilla

El dueño de la lechuza empezó entonces su búsqueda en el exterior. «La buscamos por las fincas y por las casas», aclara, aunque sin ningún éxito. No había ni rastro del animalito, si bien todo daba a indicar que no debía estar muy lejos. La cuestión era dónde. «Hablábamos con la gente, le preguntábamos a los vecinos, pero nada, no daba aparecido», recuerda.

Miguel Ángel explica que su mascota tiene una anilla con un código que identifica quién es su propietario. Esas letras y números son únicos, como un DNI y no hay lugar a confusión. Tenía la confianza de que si aparecía y alguien la entregaba a la Administración, la podría recuperar sin dificultades. Y así fue. Provisto de la documentación que acreditaba que la lechuza que custodió la Policía Local era la suya, con el código de la anilla y demás papeleos requeridos por la Consellería de Medio Ambiente, obtuvo el visto bueno para acercarse a Cotobade. Allí le confirmaron que el ejemplar que habían recogido en Marín era el suyo y, de esta forma, esta historia tiene un final feliz. Ahora Ramona está a salvo y cuidada por su dueño y familia, que le habían cogido mucho cariño a esta ave.

Es un final totalmente distinto al que mantiene en vilo desde hace seis meses a otro joven propietario de una lechuza domesticada. Se trata de Juan Carlos Lago, un vigués que perdió a su lechuza, de nombre Nut, el pasado verano en un campo de adiestramiento para aves rapaces en Cotobade. Al principio, cuando oyó la historia del hallazgo de una lechuza anillada en Marín, se hizo ilusión de que fuese la suya. Pero no le sonrió la fortuna. Este joven vigués sigue buscando, porque la esperanza, como dice el refrán, es lo último que se pierde.

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