Los salmones que creen que viajan a Groenlandia sin salir de Cotobade

Las instalaciones operativas en Carballedo logran que los ejemplares desoven varios años seguidos sin irse a los mares


cotobade / la voz

No hace falta conocerle mucho para descubrir que a Víctor Rial le apasiona lo que hace. Él es el capataz de la piscifactoría de la Xunta en Carballedo -tenemos permiso para llamarle así, que dice un alto cargo de Medio Ambiente que la denominación oficial de centro ictiogénico es compleja y enrevesada- y es capaz de hablar de los entre 200.000 y 300.000 salmones y las 50.000 y 100.000 truchas que nacen al año en las instalaciones como si de sus propias criaturas se tratase. Víctor muestra las instalaciones metódicamente y cuenta cómo nacen y crecen los ejemplares hasta que un día se sueltan en libertad. Como buen maestro, no da nada por explicado y, antes de iniciar la ruta por la piscifactoría, va a la historia: «Nos anos oitenta houbo un problema grave co salmón nos ríos galegos, estaba desaparecendo. Púxose en marcha o plan para a súa recuperación e agora as cousas van bastante ben, en parte por sitios como este, onde criamos salmóns para repoboar o Lérez ou o Ulla».

Víctor comienza explicando en el sitio del que parte todo: unos tanques donde están metidos los reproductores, es decir, las truchas y salmones que deben poner huevos para que nazcan los alevines. Cuenta el capataz que lo habitual sería que desovasen una vez en agua dulce -como si estuviesen en el río- y que luego se marchasen al mar, a aguas de Groenlandia, para comer durante un año o más tiempo y coger reservas para volver al cauce. Pero en Cotobade están logrando que los salmones se reproduzcan hasta tres y cuatro años. ¿Cómo? Digamos que les hacen creer que viajaron hasta los mares lejanos. No llegan a cambiarlos a agua salada, pero sí los alimentan con una comida especial: «Dánselles peixes e camaróns mesturados con pienso, que sería un pouco o alimento que eles atoparían. E estamos conseguindo que repitan o desove». Vamos, que sin salir de Cotobade los peces deben pensar que se fueron hasta América del Norte por lo menos.

Víctor cuenta luego cómo es el proceso de desove, el mimo con el que se quitan los huevos de la hembra, dándole un masaje, y cómo se mezclan con el esperma. Explica todos y cada uno de los pasos por los que va discurriendo la vida del alevín hasta hacerse juvenil y estar ya preparado para que lo suelten en el río. Cuenta que los marcan uno por uno para saber si estos ejemplares criados en cautividad son capaces de ir al río, viajar luego miles de leguas mar adentro, volver a los cauces gallegos a desovar y quizás caer en las redes cuando se vuelvan a captar reproductores para la piscifactoría. Ese es el proceso manual para recabar información. Hay otros más avanzados: un experto danés llegó un día a Cotobade y le puso una mochila con un GPS a algunos ejemplares.

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