Nélida Piñón, embajadora del albariño

La escritora brasileña acepta la invitación para ser dama del Capítulo Serenísimo y brinda por la candidatura de Cambados como Ciudad Europea del Vino


ribadumia / la voz

Siempre que puede, Nélida Piñón vuelve a sus orígenes. A esa Galicia de sus abuelos que tanto «ama» y de cuyas excelencias gastronómicas hace patria. «La mejor comida de mi vida la tomé en una taberna de Galicia y me llevé patatas gallegas para mi país para que la gente conociera la mejor patata del mundo», señalaba ayer desde Ribadumia. A partir de ahora tiene un motivo más para actuar de embajadora de los productos de esta tierra. El secretario del Capítulo Serenísimo do Albariño, Pedro Piñeiro, le impuso la medalla de la orden por encomienda del Gran Mestre, Alberto Núñez Feijoo, y la invitó a que el primer domingo de agosto de 2017 visite Cambados para ser investida dama del Capítulo do Albariño.

No fue el único regalo que se llevó la escritora del pazo de Quinteiro da Cruz. Piñeiro le entregó un diploma que la acredita como «embajadora de honor» de la Federación de cofradías enograstronómicas de Galicia y una pequeña escultura de un racimo de uvas albariñas. Y el vino corrió. En el recibimiento que la familia Piñeiro le brindó en su casa, uno de tantos en los últimos años, se hizo un brindis por el éxito de la candidatura de Cambados para erigirse en Ciudad Europea del Vino, un título que se concede el día 5 de noviembre en Portugal y por el que compite junto a Vilafranca del Penedés, Aranda del Duero y La Palma del Condado.

El Concello de Cambados se presenta con el aval de más de 200 cartas de apoyo de instituciones, empresas y entidades sociales de toda España y un ambicioso plan de actividades para el 2017. Dice Piñeiro que la villa arousana parte con muchas posibilidades, se verá. Lo que ya es un hecho es que el albariño ha encontrado una nueva aliada en una de las grandes de las letras hispanoamericanas, que ayer hizo un alegato en presencia de sus amigos en favor de la fortaleza de espíritu y el optimismo. «Soy una mujer de suerte, yo también dependo del cariño de la gente», apuntó. Y a la autora de Finisterre se le quiere en el pazo de Quinteiro da Cruz, adonde vuelve siempre que puede. Ayer fue recibida al son de la Marcha do antigo reino de Galicia interpretada a la gaita por Óscar Ibáñez y ataviada con sombrero panamá y mocasines fucsia volvió a recorrer el Bosque de las palabras que inauguró hace dos años. Allí crecen ya un camelio y una jacaranda de Brasil plantados por ella misma y desde ayer lo hacen también dos tejos en su honor. Esta mujer galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras continuará su visita por Galicia hasta el día 6 para intervenir en la Real Academia Galega, de la que forma parte, y el Consello da Cultura Galega, entre otros foros. La semana pasada inauguró una casa de cultura con su nombre en Cotobade y la segunda edición del Premio Nélida Piñón.

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