El jardín mágico de Praderrei

El municipio estrena el primer humedal artificial de la provincia para depurar aguas residuales, mientras ya ultima otras dos instalaciones semejantes


Pontevedra / La Voz

La capital del arte rupestre de Galicia puede convertirse, también, en la capital de la depuración ecológica de aguas residuales. Por lo pronto, Campo Lameiro ha sido el primer ayuntamiento pontevedrés en poner en funcionamiento un humedal artificial como alternativa a las tradicionales estaciones depuradoras. Un sistema que aúna una menor inversión económica para su construcción, con un menor coste de mantenimiento.

Perfectamente integrado con el entorno, el humedal de Praderrei da servicio a los 150 residentes de este núcleo poblacional. Sin olores, pocos se pueden imaginar la función que realiza este pequeño jardín incrustado en mitad de unos terrenos de labranza en los que pastan vacas, ovejas y cabras. «Las dos preguntas que se repiten con más frecuencia son las relativas al olor y a si, siendo un humedal, no habrá mosquitos. Pues tampoco. Una vez que las plantas se han desarrollado, se reduce el nivel de agua y circula por debajo de la grava, por lo que no hay una lámina donde los mosquitos puedan hacer las puestas de huevos», remarca Luis Felipe Fernández Fernández, de la empresa Ecolagunas que ejecutó este proyecto.

El mimetismo con un humedal natural es muy alto. Solo desentonan las tuberías que atraviesan las plantas y que está confinado en un entorno construido por la mano del hombre. De hecho, los artificiales reproducen hasta el último detalle las características físicas, químicas y biológicas de uno generado por la naturaleza.

Igualmente, la depuración se basa en principios biológicos sin que se tengan que emplear compuestos y productos químicos. Así, tras un tratamiento previo en el que se eliminan gruesos y sólidos en suspensión, el agua residual fluye a través de un lecho de grava aireado e impermeabilizado para evitar pérdidas hacia el subsuelo sobre el que crecen carrizos o caña fina -Phragmites australis-, que contribuyen tanto a la eliminación de los malos olores como evitan la proliferación de insectos, según reseñaron desde el Concello de Campo Lameiro. De este modo, el agua a depurar «se reparte uniformemente por la capa subsuperficial, donde la materia orgánica y otros contaminantes son depurados gracias a la acción de una película de microorganismos que se forma sobre la grava», añadieron al respecto.

El agua resultante es apta para el consumo humano, como para emplear en labores medioambientales y de regadío. «Sale en las condiciones que marca la normativa de Augas de Galicia -subrayó Luis Felipe Fernández-. Hay un reglamento público hidráulico que marca unas exigencias en cuanto a los parámetros de contaminantes para las aguas de vertido y lo que hace la depuradora es, por supuesto, cumplir con esa normativa. En nuestro caso, además, lo garantizamos con una póliza de seguros».

Lo cierto es que se trata de una tecnología medioambiental ni mucho menos novedosa. Fue hace más de medio siglo, en la década de los sesenta, cuando la doctora alemana Kathe Seidel planteó la tesis de que el junco común tenía capacidad para actuar sobre una serie de sustancias orgánicas e inorgánicas, al tiempo que atacaba la presencia de las bacterias presentes en aguas residuales, caso de las coliformes, la Salmonella o los Enterococos. Estas ideas, pocos años después, derivaron en los humedales artificiales: «Es un sistema que en España no se venía utilizando habitualmente, pero sí en otros países desde hace cuarenta años», destacó el gerente de Ecolagunas.

Los mismos principios que sirven para depurar las aguas residuales urbanas mediante humedales artificiales se están empleando a la hora de tratar las que proceden de las industrias y con resultados, también, positivos.

Todo parece indicar que fue una técnico del Concello de Campo Lameiro, quien, buscando un sistema para ahorrar gastos en la depuración de aguas residuales urbanas, se percató de la existencia de esta alternativa a las depuradoras tradicionales. «Nos llamaron, les pasamos un estudio que hacemos siempre de forma gratuita con los costes de construcción, mantenimiento y explotación y les convenció».

Tan convencidos han quedado en el Ayuntamiento que ya se han planteado otros dos humedales semejantes, que «están ya en marcha». Uno de ellos tiene las mismas dimensiones y capacidad que el ubicado en Praderrei, mientras que el otro es algo más pequeño. También el vecino municipio de Cotobade se ha interesado y, en principio, tiene pendiente de ejecución otro proyecto similar al de Campo Lameiro.

Un mes y medio de obras para operar

A la reducción de los costes de mantenimiento y de construcción hay que sumar que la ejecución de los trabajos para establecer un humedal artificial son sensiblemente inferiores a los que derivan de una estación depuradora convencional. Así, una instalación de las dimensión de la de Campo Lameiro está operativa en un mes y medio o dos meses, si bien hay que tener en cuenta, como sucedió en este caso, que todo se puede ralentizar por la climatología.

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