Nives Gamallo: su vida es la pelota y su hogar, la pista

Empezó a jugar con 14 años en el Teucro y llegó a ser delegada de la selección en dos Juegos


pontevedra / LA Voz

La vida de Nieves Gamallo no se entiende sin un pelota de balonmano en las manos. Incluso entonces, cuando era niña y llovía y hacía falta agarrarlas bien fuerte para poder jugar en la antigua pista al aire libre del Teucro. Desde entonces han pasado un buen puñado de años, de equipos, también de ascensos, de muchos sabores y de algunos sinsabores en una disciplina que ayer la llevó a recoger el premio al mérito deportivo de la Xunta 2018. Atrás ha dejado la pista y las gradas de los pabellones. Llevar una vida entera dedicada al balonmano le impide ver con ojos de simple aficionada un partido. Así que Nieves disfruta solo del deporte en la televisión.

Las cosas sobre la pista ya no son como entonces, muchos valores se han quedado en el camino, pero Gamallo recuerda con cariño todos los que la forjaron como deportista. «Eramos como una familia, tengo grabado un sector que fuimos en tren a jugar a Segovia y coincidimos allí con un equipo de chicos de Vigo. Regresamos juntos tirados por el tren hablando y haciendo piña», explica Nieves, que añora esa época.

Con apenas 14 años se metió en el campo y optó por hacerlo bajo palos. No recuerda muy bien por qué, pero pensando un poco cree que el motivo pudo ser simplemente el no tener que enseñar las piernas. «Supongo que no me quería poner esas faldas cortas, las porteras iban con pantalón largo, y además se me daba bien», explica Nieves Gamallo, que ahora, recién jubilada, disfruta de otros deportes más tranquilos como el caminar y la piscina. Esa perspectiva que da la edad le ayuda a entender cómo ha cambiado el balonmano femenino en los últimos años. «Antes eramos cenicientas y ahora somos princesas, las mujeres empiezan a atraer a los partidos tanta gente como los hombres», explica. Ella empezó dando pelotazos en el equipo femenino del Teucro, fueron las primeras en estrenar el pabellón, pero cuando Reguera cogió las riendas del club suprimió su equipo. «El dinero que destinaba para el femenino fue para el mantenimiento del edificio, acaba de abrir en el puente de O Burgo la sede social», explica Gamallo. Ese rechazo les dio un impulso para seguir creyendo en el balonmano.

Resurgir con Enxoval

Malvar les dio su respaldo y creamos el club con las anteriores jugadores del Teucro. A Benito Malvar le conquistó el plan de las chicas y durante dos años sudaron esa camiseta hasta que la situación empeoró y el equipo se deshizo. Puede decirse que los siguientes tres años, Nieves los vivió en negro deportivamente hablando, estuvo alejada de Pontevedra. Se fue a Madrid a preparar unas oposiciones y colgó las botas. Eso sí, a la vuelta a la ciudad del Lérez, no pudo evitar volver al redil de la pista. «Nos juntamos y creamos el Enxoval con una base importante y hasta llegamos a jugar el ascenso a División de Honor», recuerda Nieves, que ese fue el punto de partida para triunfar en los banquillos. Aunque también hay muchos sinsabores, como el haber perdido dinero intentado traer a grandes equipos

Sentada en una céntrica terraza de Pontevedra, son muchas las personas que la felicitan por el premio que le entrega la Xunta junto a una veintena de deportistas gallegos. No es el primero ni el único. Hace dos años recibió de manos de la federación española la medalla al mérito deportivo. «He entrenado a gente de todas las edades tanto de categorías masculinas como femeninas. Estuve con el Teucro, el Sagrado Corazón, en Dena, Bueu, pero con quien más disfruto es con los pequeños, te lo entregan todo, es una satisfacción», explica Gamallo, que, ya retirada de las pistas, advierte del peligro de convertir las categorías base en grupos de niños sometidos una presión del entorno, en muchos casos, desmedida. «No dejé el balonmano por una cuestión de fuerza, podía seguir, pero ahora hay cosas que no me convencen», señala. Entre ellas está la desaparición de ese espíritu familiar, que revisa en más de una ocasión mientras narra su vida deportiva. Porque además de triunfar en Galicia -llegó a ser dos veces la portera menos goleada de la provincia-, Nieves acudió a la llamada de la Federación Española de Balonmano para unirse al equipo nacional, del que fue delegada en los Juegos Olímpicos de Barcelona y Grecia.

Sus recuerdos siguen estando en la pista, aunque ahora los cuente desde fuera de ella. Mientras relata una trayectoria vinculada al balonmano desde la cuna, son muchos los pontevedreses que se paran en la terraza para saludarla, pero sobre todo para felicitarla por más de cincuenta años luchando por forjar deportistas y sobre todo, por formar personas.

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