Miriam Pena: «Aquí equivocarse está considerado un valor, y en España es un fracaso»

Desde San Francisco, la gallega Miriam Pena, una de las 12 más importantes de Silicon Valley, asegura que «Galicia tiene el potencial necesario para ser un Silicon Valley español»


redacción / la voz

Prefiere no decir su edad -«pongamos que en la treintena», zanja-, quizá porque en la cultura laboral en la que está inmersa lo que se valora es lo que uno sabe hacer, y no cuántos años tiene, de donde viene, dónde vive, cuál es su género o el color de su piel. Elegida una de las doce ingenieras con más proyección del Silicon Valley, la meca tecnológica mundial, Miriam Pena dejó su Bueu natal para estudiar en A Coruña y luego para embarcarse en diversos proyectos en todo el mundo basados en el lenguaje de programación Erlang.

Women 2.0 señala que las mujeres representan solo una cuarta parte del mercado laboral de la informática. ¿A qué cree que se debe?

Esto empieza desde pequeñitos, cuando abres esos catálogos de juguetes y ves la sección rosa de niñas jugando con muñecas y en azul ves a niños jugando con Legos. Se educa en unos roles, cada vez menos pero sigue ahí, y eso hace que poco a poco se transmita en el futuro haciéndonos creer que no tenemos las mismas capacidades. Yo he tenido la suerte de poder fijarme en un montón de gente que no ha seguido este modelo tradicional. Por ejemplo, cuando estaba en el instituto Johan Carballeira [de Bueu], en uno de los últimos cursos, tenía una profesora de programación de Pascal y me dio la oportunidad de aprender esa tecnología, esa es una de las claves de porqué estoy aquí hoy. Hay que darles herramientas a la gente desde muy pequeña, a los niños y a las niñas, enseñarles a desarrollar algo para que lo vean como algo normal y se desarrollen esas capacidades que sin duda las tenemos. Conozco mujeres que son absolutamente alucinantes, estoy muy orgullosa de ellas, pero no les han dado esa oportunidad. 

¿Ha encontrado alguna traba para desarrollar tu trabajo, por el hecho de ser mujer?

Las trabas son muy sutiles. Yo he tenido mucha suerte en los lugares donde he trabajado y la clave está en trazar un plan para tu carrera. Tienes que saber seleccionar a la gente con la que te rodeas y sobre todo saber seleccionar tu proyecto, que es más importante que la empresa para la que trabajes. No tienes que dejarte llevar por lo que caiga. Y cuando empiezas a encajar esas piezas los trabajos aparecen. Buscas participar en conferencias internacionales, equipos en los que admires a tus compañeros de trabajo... Llega un momento en el que sientes que no estás aprendiendo tanto, o que puede haber una traba mínima, y entonces tienes que cambiar de proyecto. Y en mi caso la clave es la especialización, uno no puede limitarse a hacer una carrera y ser la persona que hace un poco de todo, tienes que encontrar tu caja, y la mía fue Erlang. Si alineas todas estas piezas, si trabajas mucho, si eres muy buena en lo que haces, si mantienes los retos, los sacrificios y coges las oportunidades, esas trabas van desapareciendo porque la gente ve lo que eres capaz de hacer. Te respetan. 

¿Qué diferencia Erlang de otros lenguajes de programación?

Erlang no se usa mucho, pero es muy importante. El chat de Facebook fue escrito originalmente en Erlang,  WhatsApp está escrito y se ejecuta en Erlang, también Tuenti... El problema es que la curva de aprendizaje es más alta que con otros lenguajes y esa barrera inicial puede hacer que alguna gente escoja otras vías. Es una pena porque luego es un lenguaje que requiere poco mantenimiento en comparación con otros, en los que cada año cambian las API [ interfaz de programación de aplicaciones] y tienen que renovarse o se quedan obsoletos. La clave de Erlang es la ligereza de los procesos: cuando cargas una página web, en un lenguaje tradicional se ejecuta en un tren del sistema operativo, y los programas escritos en Erlang se ejecutan múltiples veces más rápido. Y cuando tienes un sistema como el que tenemos en AdRoll, con máquinas repartidas en cinco zonas geográficas, los costes en infraestructura son abismales y poder hacerlo con diez veces menos máquinas cambia todo. En definitiva, requiere mucho menos hardware para hacer el mismo trabajo que otros lenguajes. 

Tim Cook dijo recientemente, durante un viaje por Francia, que es más importante aprender a programar que aprender inglés. ¿Qué opina?

No puedes aprender a programar sin aprender inglés, porque prácticamente todos los lenguajes de programación son en inglés. Cuando escribes código estás escribiendo inglés. Pero si tuviera que escoger entre una de las dos cosas, yo escogería programar. Pero el inglés es absolutamente importantísimo y es una de las pequeñas cosas en las que tenemos que mejorar un poquito en España y en Galicia. En otros países todas las películas y series se miten en inglés, con subtítulos, sería un paso muy pequeño pero que cambiaría totalmente nuestra capacidad de generar esa gente con el inglés como lengua nativa. Es una pena, porque todo lo demás lo tenemos, Galicia tiene el potencial para ser un Silicon Valley español: tiene la visión global, porque los gallegos son gente que ha emigrado; tiene una cultura educativa, yo me he formado sido aquí, en A Coruña, y tengo un montón de compañeros de clase que son alucinantes a nivel técnico; y además tenemos recursos, porque hay empresas, sobre todo en sectores como la moda, como Inditex, Purificación García, Bimba y Lola, que son marcas globales desde Galicia. Esos recursos están ahí y habría que trasladarlos al sector puntero que es la tecnología. 

¿Cómo ve la educación en España? ¿Es tan mala como pensamos o debemos quitarnos los complejos y reconocer que nuestros titulados están al mismo nivel que los de cualquier país avanzado?

Estoy muy orgullosa de la educación en España, creo que estamos sobradamente preparados. Mucha gente con la que trabajo aquí no tiene la educación que tenemos nosotros. Es un problema que tiene que ver un poco con el clima social... Una de las primeras veces que estuve en San Francisco estaba en una cafetería y todas las conversaciones giraban sobre Facebook, que acaba de comprar WhatsApp. Y la gente decía, «pero si WhatsApp no lo usa nadie, esto no es tan importante, yo voy a hacer una aplicación que va a cambiar el mundo», y empezaban a discutir sobre qué iban a hacer. Ese es el clima del emprendimiento, que es lo que tenemos que fomentar un poco más en Galicia, tiene que ser algo cotidiano, algo que vives. Aquí empiezas a emprender y equivocarse está considerado un valor, y en España está considerado un fracaso. Esa mezcla, el no tener el emprendimiento en la cabeza, y que si emprendes y fracasas no se te perdona, es algo que está penalizando ese espíritu. 

¿Hay también un déficit en «soft skills», o sea, habilidades como saber hablar en público, debatir, motivar, trabajar en equipo?

Hay programas universitarios que favorecen un poco más esa formación. Hoy en día hay suficientes recursos online para que alguien que tenga un poco de interés pueda encontrar esas habilidades. En mi empresa desde hace unos años estan apostando mucho por la diversidad y la inclusión, en las entrevistas no se le pregunta la edad a nadie, ni la zona en la que vive; y las entrevistas iniciales no se hacen por videocámara, sino por teléfono, para evitar ver cómo es la persona, o si es de una etnia determinada. A nivel profesional hay muchas ventajas y cosas de las que podemos copiar ideas. Yo este año hice un curso titulado Women in leadership en el que nos enseñan esas habilidades que comentabas, como hablar en público, hacer networking... cosas que marcan la diferencia entre tener un buen trabajo y coger un puesto con más liderazgo. 

Y quizá falta mayor flexibilidad laboral.

Cuando trabajé en Suecia, a las cuatro de la tarde si habías acabado tu trabajo te ibas a casa, y no te quedabas hasta las siete de la tarde que parece que es lo que hay que hacer en España. Y aquí pasa igual, te apoyan mucho a la hora de conciliar tu vida profesional con tu vida personal. Se puede trabajar desde casa, el 80% de mi equipo es remoto, y es algo que podríamos mejorar en España, porque en tu casa puedes hacer tu trabajo igual de bien que en la oficina. Y como decía antes, hay una cultura de no culpabilizar, te animan a tomar riesgos y no te penalizan cuando cometes errores. Nos animan a ir a conferencias, a presentaciones... es como empujarte a salir fuera de tu zona de confort. 

¿Cómo se pasa de Bueu al Silicon Valley? Parece un salto estratosférico.

No es un salto tan grande. Yo he estudiado en la Universidad da Coruña, la formación ha sido excelente. Luego se trata de trabajar mucho, marcarte tus metas y coger las oportunidades que te van surgiendo. Tuve mucha suerte de trabajar con Nomasystems [una empresa de ingeniería de software con sede en A Coruña, especializada en el desarrollo de aplicaciones móviles], que era una empresa pequeña cuando empecé con ellos y es gente extremadamente buena en lo que hace y que tiene esa visión global y de hacer proyectos internacionales. Fue bastante fácil, un día llegué a la oficina y me dijeron «necesitamos a alguien que vaya a Egipto, ¿quieres ir tú?», y yo dije que por supuesto, adoro las pirámides y adoro esa cultura, y a la semana siguiente estaba en Egipto. Luego ha sido Suecia, luego vine a Tuenti a Madrid... En mi caso fue clave la especialización en Erlang, porque es un lenguaje más necesitado por empresas internacionales. Yo buscaría empresas con proyección internacional y luego hacer mucho ruido en las redes, participar en foros, ir a conferencias, es super importante que se te conozca y crear esos vínculos sociales para que cuando necesiten a alguien recurran a ti. Y no tener miedo al fracaso. 

Durante la crisis en España se difundió una idea peyorativa acerca de la emigración al exterior: «Se van porque no encuentran trabajo aquí», se decía. Pero realmente ir a trabajar a otro país aporta muchas cosas, ¿no? Es decir, que no hace falta irse por necesidad.

Por supuesto. Cualquiera de los que han venido aquí podría trabajar en España. Yo lo que busco es un proyecto, a mi me apasiona lo que hago y a veces es más fácil encontrar esos proyectos fuera, también se hacen en España pero a una escala más sencilla. A veces se lo explico así a mi abuela: si tú haces hamburguesas para cuatro o cinco personas, es relativamente sencillo y más o menos todos las van tomar calientes al mismo tiempo; pero cuando trabajas en un sistema como el que trabajo yo, en el que tienes que servir un millón de peticiones en menos de 50 milisegundos, el problema no es la receta de la hamburguesa, sino hacer ese millón de hamburguesas y que nadie pase hambre, que tengan la temperatura adecuada y no necesitar un millón de camareros para servirlas. 

«Hay una 'app' en la que, si tu perro defeca en el parque, haces una foto y vienen a limpiar»

AdRoll, la compañía para la que trabajas, desarrolla software publicitario. Mucha gente se sorprende cuando busca un producto en Google o en Amazon, y después le aparecen anuncios de ese producto en todas las páginas que visita. ¿Es un ataque a la privacidad?

Lo que hago yo es exactamente lo que describes, tu quieres comprar unos zapatos y vas a la página del anunciante, y luego donde quiera que vayas ponemos los anuncios de esos zapatos. Recolectamos datos de patrones de navegación, pero nosotros no sabemos quién eres tú, solo sabemos que hay una entidad con un patrón de búsqueda. 

Hay mucha preocupación por la Internet de la cosas, con millones de objetos cotidianos conectados a la Red, y los asistentes personales que escuchan todo lo que decimos, ya sea nuestro smartphone o esos altavoces para el hogar. ¿Está justificada o cada uno puede decidir que información puede compartir cuando está conectado?

Yo creo que es una elección personal. Cualquier dispositivo que esté en escucha activa o pasiva, o incluso la cámara del ordenador, puede recoger datos. Esos datos pertenecen a la entidad que los recoge y en función de cuál sea hay mayor o menor acceso a ellos. Si los usas, desde luego, eres uno más, y recogen estadísticas de ti. Pero el mundo está cambiando, es un ecosistema en el que estamos respirando tecnología todo el día. Cuando voy al trabajo en San Francisco te encuentras constantemente estos coches que se conducen solos por la ciudad. Hay aplicaciones para cosas sencillas como pedir comida o pedir un taxi, que ya son normales; pero también para hacer la mudanza, hay una app que te pone un equipo en tu puerta en 20 minutos. Aquí, como hay más perros que niños porque es una ciudad relativamente joven, hay muchas apps orientadas a ellos, como la entrega de comida orgánica para perros a domicilio, o un paseador de perros bajo demanda. Imagínate que vas al parque, tu perro defeca y no te apetece recoger esa caquita, pues le haces una foto y mediante una aplicación puede venir alguien a recogerla. Son ejemplos de cómo la tecnología está cambiando el día a día aquí. 

¿Qué tecnología estás viendo ahora en San Francisco y llegará pronto a España?

La compra online va a aumentar muchísimo. Por ejemplo, compra online de colchones, aquí es lo más normal del mundo, nadie va a las tiendas. Muebles, cualquier cosa, con Amazon en unas horas las tienes en casa. Luego hay pequeñas empresas, como el gimnasio del barrio, la peluquería, la tintorería... que tienen su propia aplicación y la utilizas para reservar hora. O la compra de gafas por Internet: elijo los modelos que quiero, me las envían, las pruebo en casa y luego devuelvo las que no me gustan. También hay una aplicación que te dice dónde aparcar el coche en la ciudad en párkings privados y públicos, la disponibilidad que hay en ese momento y cuánto te cuesta por franja horaria; y otra para conseguir alguien de la limpieza, niñera, manitas o cualquier otro oficio con recomendaciones casi de forma inmediata. Ese tipo de cosas que simplifican tu día a día, para que el tiempo que tengas libre lo dediques a las cosas que realmente importan.

La gallega Miriam Pena, entre las 12 ingenieras más importantes de Silicon Valley

Javier Armesto

Miriam Pena es de Bueu y trabaja en la compañía de software AdRoll en San Francisco

La plataforma Women 2.0 ha elaborado una lista de doce mujeres ingenieras a las que habrá que seguir en el 2018 por su trabajo y su papel inspirador. Entre ellas figura una gallega, Miriam Pena, natural de Bueu y que actualmente trabaja en la compañía de software publicitario AdRoll en San Francisco. Pena es staff engineer -literalmente «ingeniera de plantilla», pero en realidad una de las posiciones más relevantes dentro de una empresa tecnológica- y se encarga de diseñar e implementar partes críticas de la infraestructura de ofertas en tiempo real.

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