La aldea más «mítica» de Galicia

e. v. pita VIGO / LA VOZ

A LAMA

Al pie de la Serra do Suído, los vecinos de Covelo, de tradición cantera y émulos del Maestro Mateo, adornan sus casas con escenas de Marte y Venus. Gárgolas de piedra vigilan el buzón y gaiteiros coronan los hórreos.

22 may 2021 . Actualizado a las 21:04 h.

Una serpenteante y recóndita carretera lleva hasta Covelo, en A Lama, al pie de la Serra do Suído, que divide las provincias de Pontevedra y Ourense. A simple vista parece una aldea típica gallega, con su lluvia, sus hórreos centenarios, su cruceiro, su prado con vacas, sus tendales y dos ancianos charlando en un banco apoyados sobre su caiado. Pero Covelo, con 200 vecinos, se ha ganado a pulso figurar en el ránking de los lugares mágicos de Galicia y, además, se merece el título milennial de ser la aldea más «mítica». La razón: muchos de los mejores canteros gallegos aprendieron sus secretos en esta zona y decoraron sus casas con tallas de piedra inspiradas en la mitología clásica griega o las leyendas medievales de caballería. Labrada en la fachada de un chalé emerge un Hermes, el mensajero de los dioses, o una arpía con un niño y una antorcha, símbolo del conocimiento.

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Nada más llegar, el forastero pasa ante la verja de la villa «Noso Recuncho» y observa aterrado cómo una gárgola de piedra le mira fijamente sobre el buzón. Otro monstruo mitológico vigila el portal de la casa colindante. Según camina por la «avenida» principal, el visitante empieza a tener «flashes» de sus viajes a la catedral de Notre Dame de París o de famosos cuadros mitológicos del pintor Botticelli, del Renacimiento. Es como si los vecinos fuesen émulos modernos de los canteros del Maestro Mateo.

El cierre de otra finca, llamada Villa Laura, está flanqueado por sendos dragones rampantes labrados con tal calidad y detalle que parecen sacados de una escena de Juego de Tronos. Una de dos, o los dueños son muy fans de Daenerys Targaryen, la madre de dragones de la serie de HBO, o es que en el pueblo adoran la cultura clásica.

El visitante teme sufrir el síndrome de Stendhal ante la visión de tanta obra de arte. El móvil está ardiendo de tanto selfi. Sobre los dos ancianos que charlan sentados luce, entre dos ventanas de un chalé, una escena mitológica labrada en piedra. Se trata de los dioses Marte y Venus, símbolo de la guerra y el amor, de masculino y femenino. En otra casa, destacan tres monos vestidos mirando un cuadro.

También hay inspiración local: un gaiteiro labrado en piedra corona un hórreo centenario. El cruceiro, rodeado de postes de luz, está profusamente labrado con motivos relativos a Adán y Eva expulsados del Paraíso. En el varal o fuste, aparece labrada la primera pareja del Génesis y, detrás el árbol de la sabiduría o del conocimiento, del que Eva cogió la manzana. Como curiosidad, el fuste conserva fragmentos de pintura de tonalidad roja lo que delata que, en su día, el cruceiro estuvo decorado con vivos colores. Una verja rodea el monumento.

La fuente pública de piedra también tiene alusiones al arte. La placa del callejero, cruce entre la «avenida» de Barreiro Cavanelas y la calle de los Dolores, está finamente tallada y presidida por una cruz de barroco diseño.

La «avenida» finaliza ante la escultura del benefactor del pueblo, Manuel Barreiro Cabanelas, un vecino hijo de un cantero que en el siglo XIX emigró a Rio de Janeiro, en Brasil, y se hizo millonario. Fue un activista antiesclavitud y financió parte del Hospital Provincial de Pontevedra, donde tiene otra estatua.

El indiano, que llegó a ser conde, se acordó de su aldea y abrió una escuela, rediseñó la villa y se cree que decoró las casas, fuentes y bebederos con escenas mitológicas. Muchas de estas obras se conservaron hasta estos días y otras se hicieron nuevas, ya que maña no falta en una zona famosa por sus habilidosos canteros.