El primer día de trabajo en la cárcel: «Cuando se cierra la puerta ya ves que no es un lugar cualquiera»

La subdelegada del Gobierno recibió a los nuevos funcionarios en prácticas de los centros penitenciarios de Lugo

Ocho de los diez funcionarios en prácticas que ingresaron en el centro de Bonxe
Ocho de los diez funcionarios en prácticas que ingresaron en el centro de Bonxe

LUGO

Empezar en el mundo laboral no es fácil para nadie, pero es especialmente tenso cuando «estás rodeada de gente que ha delinquido en cosas muy diversas». Veinte funcionarios de prisiones empezaron sus prácticas en los centros penitenciarios de Lugo. La subdelegada del Gobierno, Isabel Rodríguez, los recibió ayer para darles la bienvenida y recordarles su importante papel en la reinserción de los internos.

Diez de los funcionarios están destinados al centro de Bonxe, en Outeiro de Rei, y los otros diez en Monterroso. Estarán de prácticas durante 18 meses. Los trabajadores de Bonxe tuvieron una formación de 5 semanas en el centro de A Lama, en Pontevedra, y desde el día 23 se trasladaron a la prisión lucense. La sensación general de los destinados en Bonxe es que están contentos e ilusionados. Pero al hablar de cómo fueron sus primeras experiencias todos coinciden en que «impresiona» y resulta «chocante». «Cuando la puerta de la cárcel se cierra ya ves que no estás en un lugar cualquiera», comentan. En su estancia en A Lama, los funcionarios tenían muy poco trato con los internos, por tratarse de presos más conflictivos, pero en Bonxe tienen contacto cercano y constante. «En A Lama los conflictos no llegan hasta ti, aquí acuden a nosotros por problemas de convivencia». Laura Vilanova, que está en módulos, normaliza esa situación contando que los internos se comunican con ellos y los hacen estar muy cómodos, siempre con alguna excepción. «Entras allí creyendo que solo vas a pensar en que estás en una cárcel, pero se te olvida rápido», admite. La nueva funcionaria de prisiones opina que «la gente debería abrirse más y poder ver cómo se vive allí dentro».

Tras la fuerte primera impresión, dos semanas han bastado para que los nuevos funcionarios de prisiones hablen del trabajo en prisión con total normalidad y no «como si fuera una película». «Es como un colegio, algunos se pelean y hay roces de convivencia, y por otra parte, es como una miniciudad, con diferentes localizaciones». José Luis Busto está en enfermería y más que internos, él habla de pacientes. Todos los funcionarios trabajan en equipo y se van turnando según las necesidades de la prisión.

Además de ser su primera experiencia, estos funcionarios han tenido que lidiar con el protocolo de seguridad del covid. Los internos solo llevan mascarilla para ir a la enfermería y dirigirse a los trabajadores, mientras que estos la usan todo el rato. Además, los presos no tienen derecho a vis a vis y cuando llegan de permiso tienen que hacer cuarentena. «Están muy nerviosos por toda esta situación, nos preguntan todo el rato qué pasa y qué pueden hacer», cuenta José Luis.

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