Los canteros de la Biblioteca Nacional de España

Una empresa de A Lama participó en la restauración del cierre y de una fachada del edificio histórico


a lama / la voz

La implicación de Granitos del Verdugo (Graniver) en la restauración del exterior de la Biblioteca Nacional de España surgió por casualidad. El portavoz de esta empresa con base en A Lama, Óscar Rumbo (A Lama, 1988) explica que todo empezó por la consulta de un antiguo compañero de estudios, que estaba buscando dónde conseguir una piedra muy concreta. Resultó ser el jefe de obra de Besana, firma encargada de reparar el vallado del histórico edificio madrileño. Rumbo comentó: «Un día me llamó para saber si conocía una clase de granito, que se llama del Pedrete, y hablando, pues me dijo que le pasásemos presupuesto de esta obra y al final lo hicimos». Lo que surgió como una posibilidad se convirtió en una contrato y la experta mano de los canteros lamenses se puede contemplar ya en el muro de piedra que rodea la Biblioteca Nacional. Era la primera vez que Graniver se enfrentaba a un trabajo de estas características y no solo superó el reto, sino que la empresa que trabajaba en el edificio, Patrimonio Inteligente, les encargó la restauración de una esquina, donde se había degradado el revestimiento exterior. Es un trabajo que también lo llevó, de mano de Radio Nova, al mundo de las ondas.

Rumbo indicó que en su día, cuando se construyó el muro de cierre, se aplicó un producto similar al azufre en el encintado y, por lo tanto, las juntas acabaron disgregándose, debilitando la estabilidad del vallado. La solución para subsanar este defecto fue «cortar quince centímetros a cada lado» de cada piedra. Lo que le tocó a Graniver fue hacer piezas modulares, con la misma sección del muro de la Biblioteca Nacional, y colocarlos en lugar de las uniones que estaban dañadas. Todas estas piezas tuvieron que hacerse una a una, hasta llegar a un total de 307.

Además de las dificultades técnicas de que estos elementos encajasen bien con las características del muro, también hubo que buscar la piedra con el color adecuado, para que no desentonase con el resto. El material elegido fue granito gris de Quintana de la Sierra, en la provincia de Badajoz. Rumbo precisó que para encontrar esta cantera, se estudió el material original del cierre y se buscó, a través del mapa geológico nacional, una mina que pudiese dar un producto similar.

Resulta que la piedra original procedía del Pedrete, en la sierra norte de Madrid, pero no se podía recurrir a esas minas porque «estaban cerradas». El material extremeño reunía condiciones parecidas y por esa razón se eligió.

La piedra se llevó desde Badajoz hasta A Lama, donde se fueron elaborando las más de trescientas piezas en las instalaciones de Granitos del Verdugo en el polígono de Racelo. A continuación, se trasladaron hasta Madrid y allí se fueron colocando en el muro para cerrar las uniones de las piedras originales y adaptarlas al diseño del cierre original, con especial atención a las zonas curvas.

Reposición con granito gallego

Hubo también que elaborar un plan de pilastrones, unas piezas que sirven de base para los pilares de las verjas metálicas. La oxidación por el paso del tiempo había abierto una cuña en la piedra y había causado unas grietas que había que subsanar reemplazando completamente ese granito.

El cierre de la Biblioteca Nacional de España, que comparte edificio con el Museo Arqueológico Nacional, no fue la única parte de la parcela donde los lamenses dejaron su impronta. En el edificio, la empresa Patrimonio Inteligente, les encargó que se ocupasen de un aplacado -chapa de piedra pegada a la pared- en la cara de unos de los sótanos del emblemático edificio. El aplacado primitivo estaba todo suelto, totalmente deteriorado. Rumbo manifestó: «Lo que hicimos fue arrancar ese aplacado y colocar uno nuevo, en unos 25 metros».

Para la elaboración de la imitación de estos sillares antiguos se utilizó piedra gallega. Concretamente, se extrajo granito grisalba del municipio ourensano de Melón, en una cantera de Minera de Rocas, una empresa con base en el concello pontevedrés de A Cañiza. La obra está acabada y el edificio luce desde hace semanas la pericia de los canteros de A Lama.

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