Con al mirada en los Juegos Olímpicos

Melania Rodríguez espera revalidar este mes su título europeo en Bakú


pontevedra / La Voz

Melania Rodríguez ya prepara las maletas para salir rumbo a Bakú a revalidar su título europeo. La gimnasta pontevedresa suma tantos títulos internacionales a sus 17 años, que ya piensa en el más grande, participar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Y si en esa ocasión no consigue pasar la criba, no dudará en intentarlo en el 2024. «Es sin duda el sueño deportivo por cumplir», comenta Melania tras uno de sus entrenamientos en A Xunqueira. Pero no es solo una expectativa suya, su entrenador, Pablo Hinojar, reconoce que tiene talento de sobra para alcanzar la meta que se propone en gimnasia en trampolín. «Es una gimnasta muy madura, competitiva y sobre todo, muy exigente con sus objetivos». Él lo sabe bien. Lleva dirigiéndola desde que tenía seis años y ahora afrontan uno de los mayores retos: dar el salto de júnior a sénior para poder viajar al país nipón. «Esos diez años más de edad traducidos en entrenamientos es mucho tiempo, la categoría actual es la de las gimnastas del futuro», reconoce su entrenador, mientras ella espera la cita de noviembre en San Petesburgo para dar ese salto cualitativo.

Aún así, Melania sale a la competición muy segura de si misma, es capaz de dominar la presión desde que era una niña. Acaba de regresar de Holanda de colgarse el oro con 50.280 puntos en el Duth TRA Open, clasificatorio para el europeo que se juega entre el 12 y el 15 de abril en Baku (Azerbaiyan). A pesar de todos las medallas que se ha llevado, «mi mejor recuerdo es haber ganado el Campeonato del Mundo júnior en Bulgaria y el europeo de Valladolid, ves que tus esfuerzos tienen resultado», explica Melania Rodríguez.

Empezó de niña y con algo más de diez año se fue al Centro de Alto Rendimiento (CAR) a Madrid tras una llamada del que entonces era el seleccionador nacional, pero después de dos años decidió dejar la capital y volver a Pontevedra, donde ya se centró en gimnasia en trampolín y dejó de lado la artística. «El primer año estuve bien, pero en el segundo lo dejé por problemas con los entrenadores, deportivamente era mejor porque había buenas instalaciones», señala Rodríguez, que en plena adolescencia regresó con su madre y su hermana para vivir en el Centro Galego de Tecnificación Deportiva (CGTD). Ahora está feliz en lo personal y en lo profesional, no quiere hablar de su pasado en Madrid. Estudia segundo de Bachiller y aunque no tiene claro que hacer en el futuro, se ve «seguro» como entrenadora de gimnasia.

Hasta llegar ahí queda mucho tiempo y mucho sacrificio deportivo, que ella asume con naturalidad. Con entrenamiento mañana y tarde, estudios y desplazamientos internacionales, «te tienes que privar de salir de fiesta a menudo o de quedar con los amigos todos los días», comenta sin echarlo tampoco de menos. La recompensa del esfuerzo le vale la pena, ella quiere el billete para Tokio. Y no está acostumbrada a perder.

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