David Uclés: «Me gustan los escritores que tienen la ambición de alcanzar el libro perfecto, aunque luego nunca exista»

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Xavier Torres-Bacchetta

El ganador del Premio Nadal por «La ciudad de las luces muertas» asegura que no da fuelle a las polémicas que le salpican

07 sep 2026 . Actualizado a las 16:00 h.

Ganador del Premio Nadal con La ciudad de las luces muertas, David Uclés señala que este título es «una metáfora hacia todos aquellos intelectuales que, en su día, vivieron en la ciudad de Barcelona y que murieron, pero cuya luz sigue brillando todavía como pasa con muchas estrellas. Ese era el paralelismo», sostuvo el escritor de Úbeda en una entrevista mantenida semanas atrás.

—Los críticos encuadran la novela dentro del realismo mágico, ¿estamos más necesitados que nunca de este realismo mágico en España?

—No viene mal que aparezcan voces como, en mi caso, con el realismo mágico, en otras, con la fantasía, el terror, la distopía... Es decir, creo que es bueno que las nuevas generaciones estén apostando por géneros en los que la principal herramienta es el uso excesivo casi de la imaginación y alejarse un poco del realismo más pulcro, autoficcional. Puede ser bueno para equilibrar la balanza, pero no tiene que desaparecer uno para que aparezca el otro, pero creo que es algo positivo.

Xavier Torres-Bacchetta

—Son géneros que, en todo caso, desde ciertos sectores literarios estaban bastante denostados, apreciación que, gracias a autores como usted y otros, se está consiguiendo cambiar.

—Sí. A mí me costó mucho que me que me respetaran la etiqueta de realismo mágico y que se interesaran por mi texto. Lo he dicho muchas veces. Fueron quince años de intentar que me publicaran y me lo echaban para la atrás la mayoría de veces por el realismo mágico que decía que ya no vendía y que me olvidara de eso. Es cierto que ahora, al ver el la fama que ha adquirido el libro, como que se ha abierto la puerta en el mundo editorial un poco a explorar esto del realismo mágico, que, a lo mejor, no era algo tan obsoleto. Se ha demostrado que sí que interesa al público lector.

—Por las páginas de «La ciudad de las luces muertas» vemos desfilar multitud de creadores, pero, a buen seguro, alguno se ha tenido que quedar en el tintero. Echando la vista atrás, ¿lamenta no haber incluido a alguno?

—En realidad, hubo muchos que no se pudieron meter, casi el mismo número de los que salen. El número de artistas que pasaron por Barcelona es enorme. Entonces, es una selección de aquellos que creo que más impactaron a la ciudad y que más me impactaron a mí. Están todos los que yo quise meter y no me arrepiento. A lo mejor, podía haberle dado un poquito más de protagonismo a alguno. Por ejemplo, se ha nombrado a Serrat y Marsé, pero muy brevemente y podía haberles dado un poquito más de protagonismo. Pero, bueno, no existe el libro perfecto.

—Aunque los escritores están siempre intentando escribir el libro perfecto...

—Sí, eso es. Lo tengo como un buen objetivo por parte de un escritor porque esa ambición ayuda mucho a invertir tiempo en lo que hacemos. A mí me gustan los escritores que tienen la ambición de alcanzar ese libro perfecto, aunque luego nunca exista ese libro en sí, ni vaya a existir nunca. Pero está bien intentar aproximarse.

—¿Cómo fue recibir el Premio Nadal?

—Fue muy bonito. Fue como una noche de ensueño, la verdad. La recuerdo y es como si la hubiera soñado, porque fue muy mágica. Para mí, es el premio más importante del país a novela no publicada y es el más antiguo del país, también. Además, su palmarés, con el tiempo, no se ha visto afectado por la comercialidad, por lo comercial, sino que siempre ha mantenido como un palmarés muy literario y me hace ilusión formar parte de él.

Xavier Torres-Bacchetta

—Además de por sus libros es conocido por cuestiones, por así decirlo, paraliterarias. ¿Cómo se vive la polémica?

—Es ajena a mí. Yo no la creo, yo no le doy fuelle y eso es algo que solamente he visto en el mundo de la prensa y solo se interesa en la prensa por eso. En las librerías, en las presentaciones, en la calle... nunca nadie me ha hablado de nada polémico, solo hablamos de literatura

—Pues volvamos a la literatura, y en concreto a «La ciudad de las luces muertas», ¿qué tiene de especial Barcelona?

—Lo que siempre se ha dicho de ella, que no es baladí. Es cosmopolita. A veces, no profundizamos, pero es que es cosmopolita de verdad. Es una ciudad que todavía sigue en pie pese a llevar más de dos mil años de vida y todas las sociedades que han vivido en ella han dejado su huella, que se puede ver hoy día. Y, además, el impacto de los años 20 y de los intelectuales de los siglos XIX y XX, con todas las vanguardias, es en una de las ciudades mundiales donde más se ve. El modernismo, de hecho, es como el sello de identidad probablemente más importante de la ciudad. Es una pasada. Es una mezcla de tiempo en sí y de influencia. Siempre fue un sinónimo de libertad, una ciudad donde se podía estar más libre que en otra. Yo quería retratarla porque me parece una de las grandes ciudades universales, junto a Londres, Berlín, Nueva York...