Roberto Leal: «He estado presente en muchísimos de los grandes sucesos de este país de los últimos veinte años»
PONTEVEDRA
El presentador de «Pasapalabra» llega a Bueu este domingo con su novela «El sótano»
01 ago 2026 . Actualizado a las 12:28 h.La entrevista con Roberto Leal, presentador de Pasapalabra y autor del thriller El sótano, comienza y termina de la misma forma, conversando sobre otro escritor, Manel Loureiro, la persona que, junto con la mujer del propio Leal, fue la primera que tuvo ocasión de leer una novela de la que el escritor pontevedrés sentencia que es una «historia sobre los límites de nuestra intimidad y la obsesión. Me la leí de un tirón». De hecho, y todo hay que decirlo, fue Loureiro quien aconsejó al que suscribe que se olvidase de los prejuicios asociados siempre a un famoso metido a escritor y disfrutase de El sótano. También me lo leí de un tirón.
«A Manel le debo le debo mucho porque, aparte de que está siendo muy generoso, fue el primero, junto con mi mujer, que se leyó la novela, que eso ya me parece un acto de amor increíble, porque imagínate cuántos amigos le llegarán diciendo: ‘Mira, tengo esto, léetelo'. Pero fue él quien me lo pidió y luego encima me dedicó esa frase de la contraportada. Estoy encantadísimo y gracias a él estoy seguro de que hay mucha gente a la que le está llegando la novela», remarca Leal.
—Pero, en su caso, ¿cómo fue dar el paso de escribir «El sótano»?
—Es una historia a la que llevaba dándole vueltas mucho tiempo porque parte de algo que a mí me ocurrió, que, por supuesto, se ha ficcionado, se ha hecho más grande en la novela. Fue ese recibir cartas que no me correspondían ni a mí, ni a mi mujer en una época en la que vivía de alquiler. Llegaban cartas al buzón, entre otras mías, con un nombre y apellido de una persona a la que, evidentemente, le iba bien porque lo veía en los sobres que eran de diferentes bancos, de un bufete de abogados... Al final, hay algo que tiene que ver con la condición humana que es la curiosidad y pensé, «¿Quién estará detrás de estas cartas y por qué me están llegando a mí?». Se las devolví al cartero y, al final, dejaron de llegar. Nunca más. No las abrí porque eso es ilegal, pero imagínate que cualquier persona perturbada, con otra intención o con la intención simplemente de saber un poquito más allá, las abre y se entera de según qué cosas, que pueden ser muy íntimas o muy privadas. Todo lo que esté dentro de un sobre que está cerrado es algo que te pertenece solamente a ti. Pensé: «Detrás de esto hay una historia que habla de la privacidad, de los miedos, de la obsesión. Después de aquello ha pasado mucho tiempo y luego también he vivido situaciones, que habrás vivido tú, y esto armado con lo otro que me pasó tengo para tirar y escribir una buena novela.
—Una novela en la que, entre otras cosas, pone el acento en la confianza que tenemos a la hora de facilitar datos personales.
—Sí, es el ir a comprar cualquier cosa, a un centro comercial, a un servicio de entrega de paquetería y hemos normalizado dar nuestros datos, vociferarlos en plan, este es mi número de teléfono, mi dirección es esta, vivo aquí, que si el paquete se lo envío a tu madre, dame la dirección de tu madre... Y estás en una cola con gente detrás pendiente de lo que estás diciendo. O, a lo mejor, no. Pero y si sí, y si esa persona que tienes pegado a tu espalda, ese señor o esa señora, te ha seguido hasta allí y lo que quieren precisamente es eso que estás haciendo. Son tus datos más sagrados, la dirección de tu casa, tu teléfono. Ahí había una novela que habla de eso, de la obsesión, de la vigilancia, de lo frágil, hoy en día, de la intimidad, de lo público y lo privado. Creo que es un tema tan contemporáneo, tan de verdad, que da, incluso, más miedo que el monstruo que se esconde en el armario.
—Y el resultado es una novela que va de sorpresa en sorpresa.
—A mí sí me encantan estas novelas, soy un amante del género, pero cuando agarro una novela y leo bastante, y esto me enorgullezco de contarlo y de decirlo porque creo que es algo que quiero también que mis hijos hereden. Yo lo heredé de mi madre. Leo muchísimo y, digamos, que el 90 o 95 % de lo que leo es de género. Es el thriller, el noir, la novela negra, detectivesca... También como periodista de sucesos que he sido durante la mayor parte de mi carrera, aunque ahora esté en Pasapalabra todos los días o en Operación Triunfo o en El desafío, he estado presente en muchísimos de los grandes sucesos de este país de los últimos veinte años. La gente no se acuerda, pero yo sí y ese poso lo tengo ahí. Entonces, a la hora de escribir, hay mucha parte de verdad, porque yo lo he vivido en primera persona.
—Curiosamente, también estuve veinticinco años en sucesos, ¿echa de menos aquella etapa?
—Ahora del entretenimiento no me quiero mover, sobre todo, mirándome alrededor. Pero eso te ha curtido, tendrás muchas cicatrices porque te habrás visto, por desgracia, en muchos tanatorios haciendo el trabajo de preguntarle a un familiar que acaba de perder a un ser querido: «¿Cómo estás?» Esto lo hemos hecho todo como periodistas cuando nos hemos visto que teníamos que sacar un titular de un suceso. Esa parte del periodismo, a la caza del titular caiga quien caiga, también lo he volcado en la novela porque lo he vivido durante muchas épocas. Como una noticia, sobre todo cuando tiene que ver con desapariciones, se convierte en algo recurrente, de lo que se hacen especiales en televisión y que pueden llevar a una persona a volverse loca, como le pasa a Samuel.
—Sin embargo, en «El Sótano» surge la duda, y esto no es hacer «spoiler», de si Samuel estaba trastornado antes o después.
—Él ya viene con mucho trauma. Al final, se ha criado con su padre, se ha quedado sin madre, que en la novel se plantea que se ha ido y ha abandonado a su padre cuando él era pequeño. Ese niño tiene en un altar a su padre, una persona recta, rigurosa, que fue un guardia civil muy querido entre sus compañeros, pero, a la vez, un hombre rudo, chapado antigua, muy católico, con la Biblia siempre en la mano. Este chaval ya viene con una serie de traumas heredados. Y luego esa obsesión porque debe ser padre que le ha transmitido su propio padre, que es que «tú me estás fallando porque no me estás dando lo que más quiero en esta vida. Lo único que quiero es tener un nieto». Es un poco perpetuar mi estirpe. Todo esto, sumado a que a esta persona lo echan del trabajo y vive en una situación límite, lo empuja a querer saber un poco más o a imaginarse formando parte de una vida que no le corresponde, que es una vida de éxito, de luz. Es todo lo contrario a él, que es la vida de Mía y del propio Martín. Busca una vía de escape, una salida a su propio sótano particular, que es todo este tormento en el que vive.
«He organizado mis vacaciones para estar en Bueu»
Roberto Leal tiene claro que, después de su opera prima en el ámbito de la novela, su intención «es seguir escribiendo. Para mí ha sido un disfrute esa parte de salto al vacío y de ver cómo reaccionan los lectores. Sé que muchos van a llegar por el propio cariño que te tengan por trabajar en televisión, porque eso está ahí, y mucha gente se va a acercar simplemente por curiosidad, pero también me gusta esa otra parte que está llegando a lectores, como Alejandro Palomas, un escritor maravilloso, a quien admiro muchísimo y que le cayó mi novela casi de casualidad. Lo conocí en la editorial Planeta, intercambiamos nuestras novelas y fue supergeneroso, al igual que Manel. Subió un reel diciendo que él no es amigo de las novelas negras, que no le gustan, que no es su tipo de lectura, pero que, como no tenía otra cosa que leer en el hotel donde estaba, había agarrado mi novela y que se había leído 180 páginas del tirón. Eso de alguien que no me conoce o que me está descubriendo como escritor, me da una satisfacción».
—¿Es equiparable a la fama televisiva?
—Para mí, todo es novedoso, aunque lleve veinticinco años en la tele. Este tipo de parcela pequeñita a la que va llegando gente que no te conoce por la tele, sino que te empieza a conocer por lo que estás escribiendo, me parece fascinante y es un regalo increíble. Espero que sea la primera novela de muchas.
—Y este domingo lo veremos en Bueu, concretamente en la plaza Massó (21.00 horas) de la mano de la Libraría Miranda.
—Sí, de Fernando, qué tipo tan grande, qué ganas tengo de conocerlo en persona. He organizado mis vacaciones para estar ahí. Esto me lo descubrió Manel, que me dijo: «Mira, de verdad, tienes que ir porque no sabes con el cariño que te van a tratar, no sabes cómo lo organizan y te animo porque te voy a acompañar». No voy a estar solo. Manel Loureiro se está convirtiendo en mi padrino. En la rotonda delantera de mi barrio le voy a poner una estatua porque se está portando muy bien conmigo. Es muy generoso. Aparte de que lo admiro como escritor, porque me parece que es uno de los de más importantes que tenemos actualmente en nuestro país de este género, es alguien muy generoso. Jamás he visto que hable mal de nadie y eso le honra siendo quién es. Así que, si encima me va a acompañar, vamos a formar un lío importante.
[Lo dicho, como en un eterno retorno, si la entrevista empezó hablando de Manel Loureiro, al final, terminó de igual forma.]