Javi Llorente, el leonés más marinense del planeta baloncesto

A. Davila PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Javi Llorente, en la pista de A Raña, en Marín, antes de un entrenamiento del Peixegalego
Javi Llorente, en la pista de A Raña, en Marín, antes de un entrenamiento del Peixegalego SERGIO SUEIRO

Un subcampeonato de España cadete catapultó la carrera de un técnico que es historia viva del Peixegalego

18 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay personas que llegan a los sitios de paso y otras que, casi sin querer, terminan convirtiéndose en parte del paisaje. Javi Llorente (León, 1983) pertenece a las segundas. Llegó a Marín con las rodillas castigadas y la mochila llena de dudas sobre su futuro en el parqué, pero casi dos décadas después, es imposible entender el éxito del Marín Peixegalego sin su figura.

Llorente no es solo un entrenador; es el arquitecto de un sueño humilde que llegó competir de tú a tú con todos los equipos aspirantes al salto a la élite del baloncesto español.

La historia de Javi en Marín no empezó con una pizarra, sino con un vendaje. Tras romperse el cruzado en Oviedo por segunda vez en su carrera, el base leonés buscaba un lugar donde terminar sus estudios en Pontevedra y, quizás, agotar sus últimos cartuchos como jugador.

«Jugué cinco partidos, me volví a lesionar y ahí fue cuando me quedé como entrenador. Con tanta lesión ya no tenía ganas de seguir jugando», confiesa con la serenidad de quien ha hecho las paces con el destino.

Lo que encontró en Marín fue un «plan humano». Un club familiar que le abrió las puertas cuando su cuerpo dijo basta. El entrenador temperamental que hoy se desvive en la banda confiesa que, como jugador, era un director de juego tranquilo. Esa visión periférica del base fue la que empezó a aplicar, casi por curiosidad, con los equipos de base del club.

Aunque en su palmarés brillan dos ascensos a la LEB Oro y una Copa LEB Plata, si le preguntas a Javi por su mayor orgullo, no te hablará de presupuestos profesionales. Te hablará de unos niños. En 2012, el equipo cadete del Peixegalego se proclamó subcampeón de España. Fue una gesta que rompió todos los moldes, un club humilde peleando hasta la final contra potencias nacionales.

«Es la mejor experiencia que tuve, con lo que más disfruté sin duda. Ves crecer a los chicos desde pequeños y esa satisfacción es el baloncesto más puro», recuerda Llorente de una generación que, en un torneo nacional disputado en casa, compitió contra gigantes del baloncesto español como Joventut, Unicaja, FC Barcelona o Real Madrid, para caer solo en la gran final ante Cajasol. Ese éxito fue su carta de presentación para el primer equipo.

Pero Javi es un hombre sin egos; cuando años después el club sufrió su segundo descenso de Oro y la no inscripción en Plata del año siguiente, le tocó reinventarse. Él no tuvo reparos en bajarse de la élite para volver a entrenar a los más pequeños de nuevo.

El ojo clínico para el mercado

Una de las facetas más brillantes de Llorente en los últimos años, y que explica en gran medida el éxito marinense en su reciente historia, es la capacidad para rastrear talento donde otros no ven nada o se dejan engatusar por agencias de representación interesadas. Junto al presidente, Luis Santiago, Llorente ha convertido a Marín en una lanzadera de talento americano.

El caso más paradigmático es el de Javonte Green. Llorente recuerda con nostalgia a aquel jugador de 1,90 que jugaba de interior en la universidad y que hoy tiene muchos minutos en la NBA, con una sólida trayectoria que le ha hecho pasar por franquicias campeonas como Chicago, Boston, Cleveland o Detroit.

«Es el único caso que conozco de alguien que viene a LEB Plata y acaba en la NBA. Y lo mejor es que sigue teniendo contacto con la gente de Marín, sube historias de hace 15 años... es un tío muy cercano», comenta sobre Green.

Otro gran descubrimiento más reciente es el de Leveque, interior que la temporada pasada tuvo bajo sus órdenes en Tercera FEB (la antigua liga EBA) y que un año después, igual que Javonte en su momento, está marcando las diferencias en Segunda FEB en las filas del Cáceres como para ser el MVP de la temporada.

Ese ojo para fichar no solo a buenos jugadores, sino a buenas personas, ha sido la clave para que un club de una villa marinera haya podido competir en la segunda categoría del baloncesto nacional en dos etapas distintas y sea la referencia del baloncesto masculino en la provincia.

El baloncesto gallego vive una edad de oro con Breogán y Obradoiro en ACB y el posible ascenso del Leyma Coruña. En ese ecosistema, el Marín Peixegalego de Javi Llorente sigue siendo el ejemplo perfecto de que, con humildad, buen ojo y, sobre todo, mucho corazón, se puede llegar lo más arriba posible sin olvidar nunca de dónde vienes. El equipo peixiño pelea estas temporadas para regresar a Segunda FEB y Llorente mira al futuro con la tranquilidad del que ya sabe que ha encontrado su lugar en la vida: «Si no soy primer entrenador, estaré vinculado de otra manera. Soy un hombre de club».

Hoy, Javi Llorente se siente uno más en la Raña. Aunque reconoce que se sufre más en el banquillo que en la pista, su pasión sigue intacta. Tras doce años como primer entrenador, sigue considerándose ese «friki del baloncesto» que disfruta analizando al rival pero que, por encima de todo, valora la comodidad de estar en casa con su familia, un privilegio que superpone a cualquiera de las ofertas de otros clubes que han llamado a su puerta en los últimos años.