Roney Franzini, portero del Cisne: «Desde que soy padre estoy más feliz y eso se traslada a la pista y al juego»

PONTEVEDRA

Roney Franzini, este domingo sentado junto al puente del Burgo
Roney Franzini, este domingo sentado junto al puente del Burgo ADRIÁN BAÚLDE

A sus 34 años, está en un gran momento deportivo y es clave en los éxitos del equipo pontevedrés

02 mar 2026 . Actualizado a las 10:11 h.

Entre el minuto 17.38 y el 26.20 de la segunda parte en la portería de Roney Franzini no entró ni un solo balón. El Cisne le debe a su portero buena parte de su triunfo sobre el Agustinos de Alicante cuando el partido se había puesto de cara para los valencianos, un equipo que busca el ascenso a Asobal. Él se resta mérito. Habla del trabajo de la defensa para haberlo conseguido. Sin duda, es una parte importante para que el portero no se vea muy expuesto, pero a pesar de eso, salvó casi lo imposible. «Me salieron bien las cosas, sabíamos que era un rival duro y que la victoria había que construirla paso a paso. El objetivo se cumplió, pero fue muy pensado y hecho a propósito», explica el portero brasileño.

Al término del partido el entrenador reconoció que había estado a un nivel altísimo. Y Roney tiene una explicación para todo eso. Es el pequeño Mateu, de cuatro meses. Acaba de ser padre y cree que en eso radica parte de su buena racha. «Estoy en un momento muy feliz, estoy contento y eso se traslada a la pista. Ayuda mucho», reconoce el guardameta, que pese a las noches sin dormir y sentirse más cansado que nunca, puede con todo: «Veo a mi hijo en las gradas y me da un empujón increíble. Es la fuerza que necesito para seguir». Cuando nació su hijo estuvo diez días de baja tras llegar a un acuerdo con el club para no coger las cinco semanas seguidas. Pronto se reincorporó a los entrenamientos para afrontar el tramo más duro de la competición. En las dos últimas semanas el Cisne se ha vuelto a reencontrar con la victoria y espera cuanto antes cerrar su permanencia en la categoría.

La vida deportiva le sonríe, pero no siempre fue un camino dulce. En febrero del 2024 sufrió una rotura del tendón de Aquiles que lo tuvo apartado de la pista muchos meses. Se perdió esa temporada completa y a día de hoy sigue sintiendo molestias. «Es el peor recuerdo de mi vida, hasta ese momento no había tenido nada grave, pero fue una recuperación muy difícil», señala. Roney volvió al terreno de juego y poco a poco fue recuperando el ritmo, pero asegura que nunca volvió a ser el mismo. Juega con dolor siempre. «Ahora me encargo de gestionar los dolores, tengo molestias todas las semanas, a veces se hincha el pie, pero hay que ir sobreponiéndose a todo», explica. El portero brasileño asegura que nunca se había parado a pensar en que la edad fuera un condicionante en su carrera. Tampoco lo es ahora, pero estos «achaques» le hacen ver cómo puede cambiar su vida de un día para otro.

Más años

A sus 34 años todavía tiene mecha para mucho. Lo único que pide es que las lesiones le respeten. Se fija en porteros como Javi Díaz, que jugó hasta los 49 años; Jota Hombrados, que lo hizo hasta los 49, o Diego Moyano, que se retiró con 51. «Siempre me encantó este deporte y siento que cada día tengo más seguridad, tengo más ganas de seguir, lo único que pido es que el físico me respete. Esa es mi vida, mi trabajo y mi afición», recalca. Y es que empezó siendo un crío en su colegio de São Paulo. Siempre fue portero. Probó en algún momento otra posición, pero no se sentía tan cómodo debajo de los palos. «En la escuela había un equipo y dijeron, ‘venga, el gordito a la portería’», dice ahora con humor después de una vida entre pabellones.

A Pontevedra llegó en la temporada 2021-22 para reforzar al equipo de cara al ascenso a Asobal. Llegó cedido del Benidorm hasta final de temporada, pero el idilio continuó cuatro años más. Y ojalá sigan. Se enamoró de Pontevedra mucho antes. Conoció la ciudad en el 2008 cuando vino con la selección de Brasil a jugar dos amistosos contra España y Portugal y ya pensó que algún día querría instalarse en las Rías Baixas. Pero antes de desembarcar en Galicia lo hizo en tierras valencianas, primero en el Puerto de Sagunto y después en el Benidorm. Ahora no quiere dejar Pontevedra. «Me enamoré de la ciudad, de la ría, de la vida aquí y de la gastronomía, es el sitio en el que construí mi familia y mi mujer y yo estamos adaptados. Si es posible quiero seguir aquí mi vida deportiva y mi vida cuando lo deje», concluye Roney Franzini, la muralla del Cisne.