«Un grupo pidió cuarenta toallas negras de 100x50. No le valían verdes»
PONTEVEDRA
Desde el Invernia Fest asumen que «no cubrió las expectativas a nivel de espectadores», aunque, «en términos generales, quedamos contentos con el desarrollo de todo»
11 feb 2026 . Actualizado a las 11:48 h.«Nuestro objetivo es seguir creciendo, seguir mejorando cada año y aspirar cada vez a bandas más potentes». Estas palabras pronunciadas la semana pasada por el triatleta Javier Gómez Noya, impulsor, junto al empresario Fernando Fernández Pidal, del Invernia Fest resumen la filosofía con la que enfocaron el festival que tuvo lugar este fin de semana en el recinto ferial de Pontevedra.
Tanto desde el entorno de muchas de las bandas que se subieron al escenario, como desde el público se les transmitió su reconocimiento por la valentía de organizarlo fuera de la temporada estival, en pleno invierno. El punk cargado de ironía e histrionismo de Afónica Naranjo y los clásicos eternos metaleros de Obús cerraron una cita en la que se conjugaron grupos de proyección nacional e internacional, caso de los dos citados o de Sôber, La Fuga o Efecto Mariposa, las bandas tributo, como Green Hoot Peppers o Gansos Rosas, con grupos locales y gallegos, entre los que estarían Chroma, Agoraphobia o Liorta, el grupo en el que toca el propio Gómez Noya.
Apenas unas horas después de bajado el telón y echando la vista atrás, Fernández Pidal reconocía este domingo que «no cubrió las expectativas a nivel de número de espectadores, a nivel de público, pero fue todo muy bien. Los conciertos estuvieron fuera de serie, el público quedó encantado, salió todo estupendo».
Remarcó que «ahora nos toca hacer balance de todo» y, a partir de ahí, tomarán la decisión de si continuar o no de cara a una segunda edición del festival. «En términos generales, quedamos contentos con el desarrollo de todo», añadió matizando que «la intención sería que sí, pero primero habría que hacer números».
Lo cierto es que, días atrás, el fundador de Los 3 Monos aseguraba que organizar el Invernia Fest fue como sacarse una carrera universitaria de promotor musical, un trabajo en el que, entre otras cuestiones, se sorprendió de los cachés de muchos de los artistas. «Hay grupos que el cache se dispara de una manera exponencial y, sobre todo, para una primera edición. No vamos a arriesgar pagando 150.000 euros de caché a una banda sin tener una seguridad de cómo va a ir esta primera edición», reconocía en vísperas de que los pontevedreses Chroma abriesen los conciertos.
De igual modo, este primer contacto le ha permitido comprobar la realidad o no de esa suerte de leyenda que acompaña a los contratos de algunas bandas. En el recuerdo, la gira de 1981 de Van Halen en la que exigía un bol de M&M's, pero ninguno de color marrón, o las chuches que siempre pide Marilyn Manson. Sin embargo, tanto Fernando Fernández como Gómez Noya, confesaron que no se han encontrado nada que haya sido espectacular.
Eso sí, y conscientes de la cláusulas de confidencialidad de estos contratos, remarcaron que la realidad es que «son bastante específicos con las cosas que quieren en el backstage», señalaba el triatleta. Por su parte, su compañero de aventuras en el Invernia Fest revelaba que «uno de los grupos, no voy a decir cuál, pidió cuarenta toallas negras de 100x50. O sea, no le valían ni verdes, ni de 100x100. Me mandaron la medida y el color».
En este punto, Gómez Noya intuyó que son «contratos estándar que ellos tienen con lo que piden». «Son bandas que llevan tantos años, incluso, décadas haciendo giras, en festivales, conciertos en coliseos y ya están muy curtidas y saben lo que pueden y no pueden pedir», añadió Fernández Pidal convencido de que eso es fruto de una carrera musical en la que «todos empezaron desde abajo».