La euforia de los mayores de la nueva residencia pública de Pontevedra: «Se nota que esto lo hizo Amancio Ortega»
PONTEVEDRA
Carmen, Josefina y Fátima cuentan que las instalaciones son un lujo y el personal también: «En Navidad hasta bailé con el director»
14 ene 2026 . Actualizado a las 15:29 h.Cualquiera que entre por la puerta de la nueva residencia pública de mayores de Pontevedra, construida por la Fundación Amancio Ortega, tarda poco en percatarse de que las instalaciones se parecen más a un hotel con calor de hogar que a unas dependencias residenciales estándar. El mimo con el que fue hecho este espacio no le pasa desapercibido a nadie, tampoco a los usuarios que siguen incorporándose a sus habitaciones. Precisamente, este martes, con motivo de la visita de la conselleira de Política Social, Fabiola García, algunos de ellos hablaron con los medios de comunicación. Y no es que estén alegres, que también, es que directamente permanecen llenos de euforia: «Esta residencia es una maravilla, se nota que la hizo Amancio Ortega», le decía Carmen, una viguesa del barrio de Coia, a la conselleira. «Es que Amancio es mucho Amancio», respondía Fabiola García, a la que en la residencia decidieron llamarle solamente Fabi. Eso le dio pie a la responsable autonómica a decir que la residencia que estrenó Pontevedra «está, sen dúbida, entre os mellores centros de Europa».
Fabiola García dijo que visitaba la residencia para saber cómo habían pasado la Navidad las 102 personas que ya viven en ella —se espera que en un mes estén cubiertas ya las 120 plazas existentes— y para felicitarles el año. Y a ello se empleó durante su estancia en A Eiriña. Allí se topó primero con Maribel, de A Coruña, y Josefina, de O Morrazo. Ambas habían pasado las fiestas en la residencia y estaban contentas a rabiar. «Yo hasta bailé con el director, fue la mejor Navidad de mi vida», decía Maribel.
Por su parte, Josefina, de 83 años, que no tiene hijos y que se quedó sola cuando murió su compañero de vida, hace dos años, contaba que le daba un poco de miedo pasar la Navidad en la residencia. Pensó que estaría triste. Pero ocurrió todo lo contrario: «Mis hermanos viajaban y yo me quedé aquí y la verdad es que fue muy bonito. El personal nos trata estupendamente y me gustó pasar las fiestas con los compañeros. Hubo juerga»,
Carmen, la viguesa de Coia, sin embargo, se fue a casa con su hija durante la Navidad. Disfrutó mucho, pero reconoce que llegó a echar en falta la residencia: «Es que estoy muy bien aquí, me dan mucho cariño», decía.
Fátima, de 68 años y natural de Portugal aunque afincada en Pontevedra, cuenta que tuvo que pedir apoyo cuando se quedó viuda y le dieron dos ictus consecutivos. «El médico me dijo que el primero fue por estrés», señala. Le dieron plaza en la residencia, en la que se mueve en silla de ruedas. Está contenta. Y le espetó a la conselleira: «Me gusta esto».